CAPÍTULO I
DIOS-HOMBRE
Dijo Hermes:
"Lo
que está encima, es igual a lo que está
debajo; y lo que está debajo es igual a lo que está encima".
Dice la Escritura: "Vosotros sois Dioses".
Y, yo digo: Si crees en Dios, conócelo, y si no crees en
El, selo tu.
"¿Quién eres tú? pregunta Moisés a Dios, y Dios, lejos
de poder definirse a sí mismo, contesta: "Yo Soy Aquello",
En el idioma árabe, el hombre tampoco puede definirse
a sí mismo. Para decir "yo soy" emplea estos dos pronombres:
"Yo El o El Yo", lo que significa: "Yo Soy El" o "El es Yo",
equivaliendo a decir: "Yo y El somos uno".
Cuando quiso el Poder divino derramar su Amor sobre
un ser amado, emanó de su esencia una substancia, ésta se
hizo forma, de la forma brotó la vida, la vida engendró sen-
sibilidad, la sensibilidad creó al corazón y el corazón formó
al hombre; y, allí se detuvo el Poder, porque sintió que el co-
razón le envolvía en las llamas del Amor y su lengua dice:
"Yo Soy Aquello".
Dios es la circunferencia, el hombre es su eje.
Dios es la vida, el Hombre es el movimiento sin vida,
tampoco puede haber una vida sin movimiento.
Dios es el hombre invisible; el Hombre es Dios visible.
Dios es Espíritu incorpóreo, el hombre es Espíritu encarnado.
Si el Hombre tuviera principio, Dios debiera tener fin,
el hombre no puede tener principio.