que se ayunta no hace sino crear, porque el mal no se halla
en el acto, sino en los pensamientos que preceden y acompa-
ñan al acto.
Dice el Padre Ustinsky: "Debo, en el acto sexual, man-
tenerme ante Dios". Tal vez no se atrevió a decir toda la ver-
dad; nosotros la diremos: "Debo, en el acto sexual, sentirme
Dios Creador Omnipotente".
El sexo es el fruto del árbol de la vida que está "en el
medio" del jardín del Edén; al comerlo el hombre se hace
Dios"; "y el hombre se ha hecho uno de Nos" dice la Biblia;
sin embargo, a pesar de ser el árbol de la vida, el hombre
murió,
El árbol de la vida no puede causar la muerte; pero el
hombre al comer su fruto, creó, y son sus creaciones las que
le mataron.
El acto sexual es el camino a la iluminación; pero hasta
llegar a este camino hay que atravesar muchos senderos te-
nebrosos.
La pasión sexual es justamente el Querubín con la espada
flamígera que impide la entrada del hombre en el Edén, pero
el sexo en sí, es el mismo Edén.
Cada vez que un hombre y una mujer se unen, algo se
crea y ese algo creado no puede ser destruido y seguirá
evolucionando hasta obtener sus fines; entonces la unión se-
xual es acto de creación, y todo lo que valga la pena de crear,
debe ser útil y bueno.
No tiene valor ninguno el ser casto alejado de! sexo; la
verdadera castidad debe estar en la pureza y en la santidad
del sexo.
El verdadero casto es el que lleva su virilidad hasta la
Divinidad.
Aquél que se aleja del sexo pura buscar la pureza per-
fecta, es como quien busca la luz del día en el seno de la
noche; quien ama la pureza debe buscarla en el mismo sexo,
¿En qué encuentra la pureza aquél que huye del sexo; en
que encuentra a Dios quien teme a sus manifestaciones?
¿En que ayuda a la Naturaleza, obra de Dios el que
extingue a la fuerza creadora en sí?