Mi maestro me dijo: « Aquel es Caco, 25
que, bajo el muro del monte Aventino,
hizo un lago de sangre muchas veces. 27
No va con sus hermanos por la senda,
por el hurto que fraudulento hizo
del rebaño que fue de su vecino; 30
hasta acabar sus obras tan inicuas
bajo la herculea maza, que tal vez
ciento le dio, mas no sintió el deceno.» 33
Mientras que así me hablaba, se marchó,
y a nuestros pies llegaron tres espíritus, 35
sin que ni yo ni el guía lo advirtiésemos, 36
hasta que nos gritaron: «¿Quiénes sois?»:
por lo cual dimos fin a nuestra charla,
y entonces nos volvimos hacia ellos. 39
Yo no les conocí, pero ocurrió,
como suele ocurrir en ocasiones,
que tuvo el uno que llamar al otro, 42
diciendo: «Cianfa, ¿dónde te has metido?»
Y yo, para que el guía se fijase,
del mentón puse el dedo a la nariz. 45
Si ahora fueras, lector, lento en creerte
lo que diré, no será nada raro,
pues yo lo vi, y apenas me lo creo. 48
A ellos tenía alzada la mirada,
y una serpiente con seis pies a uno,
se le tira, y entera se le enrosca. 51
Los pies de en medio cogiéronle el vientre,
los de delante prendieron sus brazos,
y después le mordió las dos mejillas. 54
Los delanteros lanzóle a los muslos
y le metió la cola entre los dos,
y la trabó detrás de los riñones. 57
Hiedra tan arraigada no fue nunca
a un árbol, como aquella horrible fiera
por otros miembros enroscó los suyos. 60
Se juntan luego, tal si cera ardiente