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Dedico estas divagaciones eróticas
a los amantes juguetones y,
¿por qué no?, también a los hombres
asustados y a las mujeres
melancólicas.
Su aliento es como miel aromatizada con clavo de olor; Su boca,
deliciosa como un mango maduro.
Besar su piel es como probar el loto.
La cavidad de su ombligo oculta acopio de especias.
Qué placeres yacen después, la lengua lo sabe,
pero no puede decirlo.
Srngarakarika, Kumaradadatta (siglo XII)