—¡Quítate de mi camino, tarado —le gritó y Poncho, alegre,
le dio un sonoro lengüetazo en la cara, que le dejó los lentes
llenos de saliva.
Si, definitivamente era uno de esos días nefastos. Minutos
después su padre descubrió que tenía una rueda de la
camioneta pinchada y debió ayudar a cambiarla, pero de todos
modos perdieron minutos preciosos y los tres niños llegaron
tarde a clase. En la precipitación de la salida a Alex se le quedó
la tarea de matemáticas, lo cual terminó por deteriorar su
relación con el profesor. Lo consideraba un hombrecito patético
que se había propuesto arruinarle la existencia. Para colmo
también se le quedó la flauta y esa tarde tenía ensayo con la
orquesta de la escuela; él era el solista y no podía faltar. La
flauta fue la razón por la cual Alex debió salir durante el recreo
del mediodía para ir a su casa. La tormenta había pasado, pero
el mar todavía estaba agitado y no pudo acortar camino por la
playa, porque las olas reventaban por encima de la cornisa,
inundando la calle. Tomó la ruta larga corriendo, porque sólo
disponía de cuarenta minutos.
En las últimas semanas, desde que su madre se enfermó,
venía una mujer a limpiar, pero ese día había avisado que no
llegaría a causa de la tormenta. De todos modos, no servía de
mucho, porque la casa estaba sucia. Aun desde afuera se
notaba el deterioro, como si la propiedad estuviera triste. El aire
de abandono empezaba en el jardín y se extendía por las
habitaciones hasta el último rincón.
Alex presentía que su familia se estaba desintegrando. Su
hermana Andrea, quien siempre fue algo diferente a las otras
niñas, ahora andaba disfrazada y se perdía durante horas en su
mundo de fantasía, donde había brujas acechando en los
espejos y extraterrestres nadando en la sopa. Ya no tenía edad
para eso, a los doce años debiera estar interesada en los chicos
o en perforarse las orejas, suponía él. Por su parte Nicole, la
menor de la familia, estaba juntando un zoológico, como si
quisiera compensar la atención que su madre no podía darle.
Alimentaba varios mapaches y zorrillos que rondaban la casa;