soportó la curación sin un solo gesto, agradecido de tener un
médico en la familia. Su padre le aplicó una crema
desinfectante y le vendó la mano.
—De todos modos se le iba a caer el pelo a la mamá,
¿verdad? —preguntó el muchacho.
—Si, por la quimioterapia. Es preferible cortarlo de una vez
que verlo caerse a puñados. Es lo de menos, hijo, volverá a
crecerle. Siéntate, debemos hablar.
—Perdóname, papá... Voy a trabajar para reponer todo lo
que rompí.
—Está bien, supongo que necesitabas desahogarte. No
hablemos más de eso, hay otras cosas más importantes que
debo decirte. Tendré que llevar a Lisa a un hospital en Texas,
donde le harán un tratamiento largo y complicado. Es el único
sitio donde pueden hacerlo.
—¿Y con eso sanará? —preguntó ansioso el muchacho.
—Así lo espero, Alexander. Iré con ella, por supuesto.
Habrá que cerrar esta casa por un tiempo.
—¿Qué pasará con mis hermanas y conmigo?
—Andrea y Nicole irán a vivir con la abuela Carla. Tú irás
donde mi madre —le explicó su padre.
—¿Kate? ¡No quiero ir donde ella, papá! ¿Por qué no puedo
ir con mis hermanas? Al menos la abuela Carla sabe cocinar...
—Tres niños son mucho trabajo para mi suegra.
—Tengo quince años, papá, edad de sobra para que al
menos me preguntes mi opinión. No es justo que me mandes
donde Kate como si yo fuera un paquete. Siempre es lo mismo,