volver a la vida de unos meses antes, cuando su madre estaba
sana. No quería ir al Amazonas con Kate Coid. Esa abuela le
daba un poco de miedo.
Dos días más tarde Alex se despidió del lugar donde
habían transcurrido los quince años de su existencia. Se llevó
consigo la imagen de su madre en la puerta de la casa, con un
gorro cubriendo su cabeza afeitada, sonriendo y diciéndole
adiós con la mano, mientras le corrían lágrimas por las mejillas.
Se veía diminuta, vulnerable y hermosa, a pesar de todo. El
muchacho subió al avión pensando en ella y en la aterradora
posibilidad de perderla. ¡No! No puedo ponerme en ese caso,
debo tener pensamientos positivos, mi mamá sanará, murmuró
una y otra vez durante el largo viaje.