diez y veinte mil años atrás. Se salvaron de ser esclavizados
durante la conquista en el siglo XVI porque permanecieron
aislados. Los soldados españoles y portugueses no pudieron
vencer los pantanos, los mosquitos, la vegetación, los inmensos
ríos y las cataratas de la región amazónica.
Una vez instalados en el hotel, César Santos procedió a
organizar el equipaje de la expedición y planear el resto del viaje
con la escritora Kate Coid y los fotógrafos, porque el profesor
Leblanc decidió descansar hasta que refrescara un poco el
clima. No soportaba bien el calor. Entretanto Nadia, la hija del
guía, invitó a Alex a recorrer los alrededores.
—Después de la puesta de sol no se aventuren fuera de los
limites de la aldea, es peligroso —les advirtió César Santos.
Siguiendo los consejos de Leblanc, quien hablaba como un
experto en peligros de la selva, Alex se metió los pantalones
dentro de los calcetines y las botas, para evitar que las voraces
sanguijuelas le chuparan la sangre. Nadia, que andaba casi
descalza, se rió.
—Ya te acostumbrarás a los bichos y el calor —le dijo.
Hablaba muy buen inglés porque su madre era canadiense—.
Mi mamá se fue hace tres años —aclaró la niña.
—¿Por qué se fue?
—No pudo habituarse aquí, tenía mala salud y empeoró
cuando la Bestia empezó a rondar. Sentía su olor, quería irse
lejos, no podía estar sola, gritaba... Al final la doctora Torres se
la llevó en un helicóptero. Ahora está en Canadá —dijo Nadia.
—¿Tu padre no fue con ella?
—¿Qué haría mi papá en Canadá?
—¿Y por qué no te llevó con ella? —insistió Alex, quien
nunca había oído de una madre que abandonara a los hijos.