contactos internacionales de ese hombre. Fue él quien interesó
a la revista International Geographic en la leyenda de la Bestia.
—Esa extraña criatura tiene atemorizados a las buenas
gentes del Alto Orinoco. Nadie quiere internarse en el triángulo
donde se supone que habita —dijo Carías.
—Entiendo que esa zona no ha sido explorada —dijo Kate
Coid.
—Así es.
—Supongo que debe ser muy rica en minerales y piedras
preciosas —agregó la escritora.
—La riqueza del Amazonas está sobre todo en la tierra y
las maderas —respondió él.
—Y en las plantas —intervino la doctora Omayra Torres—.
No conocemos ni un diez por ciento de las sustancias
medicinales que hay aquí. A medida que desaparecen los
chamanes y curanderos indígenas, perdemos para siempre esos
conocimientos.
—Imagino que la Bestia también interfiere con sus
negocios por esos lados, señor Carías, tal como interfieren las
tribus —continuó Kate Coid, quien cuando se interesaba en
algo no soltaba la presa.
—La Bestia es un problema para todos. Hasta los soldados
le tienen miedo —admitió Mauro Carías.
—Si la Bestia existe, la encontraré. Todavía no ha nacido el
hombre y menos el animal que pueda burlarse de Ludovic
Leblanc —replicó el profesor, quien solía referirse a sí mismo en
tercera persona.