—Cuente con mis soldados, profesor. Al contrario de lo que
asegura mi buen amigo Carías, son hombres valientes —ofreció
el capitán Ariosto.
—Cuente también con todos mis recursos, estimado
profesor Leblanc. Dispongo de lanchas a motor y un buen
equipo de radio —agregó Mauro Carías.
—Y cuente conmigo para los problemas de salud o los
accidentes que puedan surgir —añadió suavemente la doctora
Omayra Torres, como si no recordara la negativa de Leblanc de
incluirla en la expedición.
—Tal como le dije, señorita...
—Doctora —lo corrigió ella de nuevo.
—Tal como le dije, el presupuesto de esta expedición es
limitado, no podemos llevar turistas —dijo Leblanc, enfático.
—No soy turista. La expedición no puede continuar sin un
médico autorizado y sin las vacunas necesarias.
—La doctora tiene razón. El capitán Ariosto le explicará la
ley —intervino César Santos, quien conocía a la doctora y
evidentemente se sentía atraído por ella.
—Ejem, bueno... es cierto que... —farfulló el militar
mirando a Mauro Carías, confundido.
—No habrá problema en incluir a Omayra. Yo mismo
financiaré sus gastos —sonrió el empresario poniendo un brazo
en torno a los hombros de la joven médica.
—Gracias, Mauro, pero no será necesario, mis gastos los
paga el Gobierno —dijo ella, apartándose sin brusquedad.