—Es un chamán, un brujo muy poderoso. Habla a través
de sueños y visiones. Puede viajar al mundo de los espíritus
cuando desea. Es el único que conoce el camino a El Dorado.
—¿El Dorado? ¿La ciudad de oro que inventaron los
conquistadores? ¡Ésa es una leyenda absurda! —replicó Alex.
—Walimaí ha estado allí muchas veces con su mujer.
Siempre anda con ella —rebatió la chica.
—A ella no la vi —admitió Alex.
—Es un espíritu. No todos pueden verla.
—¿Tú la viste?
—Sí. Es joven y muy bonita.
—¿Qué te dio el brujo? ¿Qué hablaron ustedes dos? —
preguntó Alex.
—Me dio un talismán. Con esto siempre estaré segura;
nadie, ni las personas, ni los animales, ni los fantasmas podrán
hacerme daño. También sirve para llamarlo, basta con soplarlo
y él vendrá. Hasta ahora yo no podía llamarlo, debía esperar
que él viniera. Walimaí dice que voy a necesitarlo porque hay
mucho peligro, el Rahakanariwa, el temible espíritu del pájaro
caníbal, anda suelto. Cuando aparece hay muerte y
destrucción, pero yo estaré protegida por el talismán.
—Eres una niña bastante rara... —suspiró Alex, sin creer
ni la mitad de lo que ella decía.
—Walimaí dice que los extranjeros no deben ir a buscar a
la Bestia. Dice que varios morirán. Pero tú y yo debemos ir,
porque hemos sido llamados, porque tenemos el alma blanca.
—¿Quién nos llama?