—No sé, pero si Walimaí lo dice, es cierto.
—¿De verdad tú crees esas cosas, Nadia? ¿Crees en
brujos, en pájaros caníbales, en El Dorado, en esposas
invisibles, en la Bestia?
Sin responder, la chica dio media vuelta, echó a andar
hacia la aldea y él la siguió de cerca, para no perderse.