animal, sólo los grandes guerreros y los chamanes, pero tú lo
descubriste sin buscarlo. Tu nombre es Jaguar —dijo Nadia.
—¿Jaguar?
—Alexander es el nombre que te dieron tus padres. Jaguar
es tu nombre verdadero, pero para usarlo debes tener la
naturaleza del jaguar.
—¿Y cómo es su naturaleza? ¿Cruel y sanguinaria? —
preguntó Alex, pensando en las fauces de la fiera destrozando al
mono en la jaula de Carías.
—Los animales no son crueles, como la gente, sólo matan
para defenderse o cuando tienen hambre.
—¿Tú también tienes un animal totémico, Nadia?
—Si, pero no se me ha revelado todavía. Encontrar su
animal es menos importante para una mujer, porque nosotras
recibimos nuestra fuerza de la tierra. Nosotras somos la
naturaleza —dijo ella.
—¿Cómo sabes todo esto? —preguntó Alex, quien ya
dudaba menos de las palabras de su nueva amiga.
—Me lo enseñó Walimaí.
—¿El chamán es tu amigo?
—Si, Jaguar, pero no le he dicho a nadie que hablo con
Walimaí, ni siquiera a mi papá.
—¿Por qué?
—Porque Walimaí prefiere la soledad. La única compañía
que soporta es la del espíritu de su esposa. Sólo a veces se
aparece en algún shabono para curar una enfermedad o