siempre. Con un solo machete podían multiplicar por mil la
producción en los pequeños jardines, donde cultivaban
mandioca y maíz. Con un cuchillo cualquier guerrero se sentía
como un dios. Los indios sufrían la misma obsesión por el acero
que los forasteros sentían por el oro. Karakawe había superado
la etapa del machete y estaba en la de las armas de fuego: no se
desprendía de su anticuada pistola. Alguien como él, que
pensaba más en sí mismo que en la comunidad, no tenía lugar
en la tribu. El individualismo se consideraba una forma de
demencia, como ser poseído por un demonio.
Karakawe era un hombre hosco y lacónico, sólo contestaba
con una o dos palabras cuando alguien le hacía una pregunta
ineludible; no se llevaba bien con los extranjeros, con los
caboclos ni con los indios. Servia a Ludovic Leblanc de mala
gana y en sus ojos brillaba el odio cuando debía dirigirse al
antropólogo. No comía con los demás, no bebía una gota de
alcohol y se separaba del grupo cuando acampaban por la
noche. Nadia y Alex lo sorprendieron una vez escarbando el
equipaje de la doctora Omayra Torres.
—Tarántula —dijo a modo de explicación.
Alexander y Nadia se propusieron vigilarlo. A medida que
avanzaban, la navegación se hacía cada vez más dificultosa
porque el río solía angostarse, precipitándose en rápidos que
amenazaban volcar los lanchones. En otras partes el agua
parecía estancada y flotaban cadáveres de animales, troncos
podridos y ramas que impedían avanzar. Debían apagar los
motores y seguir a remo, usando pértigas de bambú para
apartar los escombros. Varias veces resultaron ser grandes
caimanes, que vistos desde arriba se confundían con troncos.
César Santos explicó que cuando el agua estaba baja aparecían
los jaguares y cuando estaba alta llegaban las serpientes.
Vieron un par de gigantescas tortugas y una anguila de metro y
medio de largo que, según César Santos, atacaba con una
fuerte descarga eléctrica. La vegetación era densa y desprendía
un olor a materia orgánica en descomposición, pero a veces al
anochecer abrían unas grandes flores enredadas en los árboles