Kate Coid cuchicheó burlona al oído de su nieto que
seguramente dentro de algunas semanas, el antropólogo
exhibiría la anaconda como un trofeo en sus conferencias,
contando cómo la cazó con sus propias manos. Así había
ganado su fama de héroe entre estudiantes de antropología en
el mundo entero, fascinados con la idea de que los homicidas
tenían el doble de mujeres y tres veces más hijos que los
hombres pacíficos. La teoría de Leblanc sobre la ventaja del
macho dominante, capaz de cometer cualquier brutalidad para
transmitir sus genes, atraía mucho a esos aburridos
estudiantes condenados a vivir domesticados en plena
civilización.
Los soldados buscaron en la laguna la cabeza de la
anaconda, pero no pudieron hallarla, se había hundido en el
lodo del fondo o la había arrastrado la corriente. No se
atrevieron a escarbar demasiado, porque se decía que esos
reptiles siempre andan en pareja y ninguno estaba dispuesto a
toparse con otro de aquellos ejemplares. La doctora Omayra
Torres explicó que indios y caboclos por igual atribuían a las
serpientes poderes curativos y proféticos. Las disecaban, las
molían y usaban el polvo para tratar tuberculosis, calvicie y
enfermedades de los huesos, también como ayuda para
interpretar sueños. La cabeza de una de ese tamaño sería muy
apreciada, aseguró, era una lástima que se hubiera perdido.
Los hombres cortaron la carne del reptil, la salaron y
procedieron a asarla ensartada en palos. Alex, quien hasta
entonces se había negado a probar pirarucú, oso hormiguero,
tucán, mono o tapir, sintió una súbita curiosidad por saber
cómo era la carne de aquella enorme serpiente de agua. Tuvo en
consideración, sobre todo, cuánto aumentaría su prestigio ante
Cecilia Burns y sus amigos en California cuando supieran que
había cenado anaconda en medio de la selva amazónica. Posó
frente a la piel de la serpiente, con un pedazo de su carne en la
mano, exigiendo que su abuela dejara testimonio fotográfico. El
animal, bastante carbonizado porque ninguno de los
expedicionarios era buen cocinero, resultó tener la textura del
atún y un vago sabor de pollo. Comparado con el venado, era