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exclamó el rey: “¡Oh excelente joven! ¡Por Alah! voy a hacerte un favor tan memorable, que después de mi
muerte pasará al dominio de la Historia.” Y ya no añadió más, y siguió la conversación hasta que se acercó
la noche. Después se levantó el rey y aguardó que llegase la hora nocturna de las brujas. Entonces se des-
nudó, volvió a ceñirse la espada, y se fue hacia el sitio donde se encontraba el negro. Había allí velas y fa-
rolillos colgados, y también perfumes, incienso y distintas pomadas. Se fue derechamente al negro, le hirió,
le atravesó, y le hizo vomitar el alma. En seguida se lo echó a hombros, y lo arrojó al fondo de un pozo que
había en el jardín. Después volvió a la cúpula, se vistió con las ropas del negro, y se paseó durante un ins-
tante a todo lo largo
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del subterráneo, tremolando en su mano la espada completamente desnuda.
Transcurrida una hora, la desvergonzada bruja llegó a la habitación del joven. Apenas hubo entrado, des-
nudó al hijo de su tío, cogió el látigo y empezó a pegarle. Entonces él gritaba: “¡No me hagas sufrir más!
¡Bastante terrible es mi desgracia! ¡Ten piedad de mí!” Ella respondió: “¿La tuviste de mí? ¿Respetaste a
mi amante? Así, pues, ¡toma, toma!” Después, le puso la túnica de crin, colocándole la otra ropa por enci-
ma, e inmediatamente marchó al aposento del negro, llevándole la copa, de vino y la taza de plantas hervi-
das. Y al entrar debajo de la cúpula, se puso a llorar e imploró: “¡Oh dueño mío, háblame, hazme oír tu
voz!” Y recitó dolorosamente estos versos:
¡Oh corazón mío! ¿ha de durar mucho esta separación tan angustiosa? ¡El amor con que me traspasaste
es un tormento que supera mis fuerzas! ¿Hasta cuándo seguirás huyendo de mí? ¡Si sólo querías mí dolor
y mi amargura, ya serás feliz, pues bien se han cumplido tus deseos!
Después rompió en sollozos y volvió a implorar: “¡Oh dueño mío! Háblame, que yo te oiga.” Entonces
el supuesto negro torció la lengua y empezó a imitar el habla de los negros: “¡No hay fuerza ni poder sin la
ayuda de Alah!” La bruja, al oír hablar al negro después de tanto tiempo, dio un grito de júbilo y cayó des-
vanecida, pero pronto volvió en sí, y dijo: “¿Es que mi dueño esta curado?” Entonces el rey, fingiendo la
voz y haciéndola muy débil, dijo: “¡Oh miserable libertina! No mereces que te hable.” Y ella dijo: “¿Pero
por qué?” Y él contestó: “Porque siempre estás castigando a tu marido, y él da voces, y
esto me quita el
sueño toda la noche hasta la mañana. De otro modo ya habría yo recobrado las fuerzas. Eso precisamente
me impide contestarte.” Y ella dijo. “Pues ya que tú me lo mandas, lo libraré del estado en que se encuen-
tra.” Y él contestó: “Sí, líbralo y recobraremos la tranquilidad.” Y dijo la bruja: “Escucho y obedezco.”
Después salió de la cúpula, marchó al palacio, cogió una taza de cobre llena de agua, pronunció unas pala-
bras mágicas, y el agua empezó a hervir como hierve en la marmita. Entonces echó un poco de esta agua al
joven, y dijo, ¡Por la fuerza de mi conjuro, te mando que salgas de esa forma y recuperes la primitiva!” Y el
joven se sacudió todo él, se puso de pie, y exclamó muy dichoso al verse libre: “¡No hay más Dios que
Alah, y Mohamed es el Profeta de Alah! ¡Sean con El la bendición y la paz de Alah!” Y ella dijo: “¡Vete, y
no vuelvas por aquí, porque te matare!” Y se lo gritó en la cara. Entonces el joven se fue de entre sus ma-
nos. Y he aquí todo lo referente a él.
En cuanto a la bruja, volvió en seguida a la cúpula, descendió al subterráneo, y dijo: “¡Oh dueño mío! le-
vántate, que te vea yo.” Y el rey contestó muy débilmente: “Aún no has hecho nada. Queda otra cosa para
que recobre la tranquilidad. No has suprimido la causa principal de mis males.” Y ella dijo: ¡Oh amado
mío! ¿cuál es esa causa principal?” Y el rey contestó: “Esos peces del lago, los habitantes de la antigua ciu-
dad y de las cuatro islas, no dejan de sacar la cabeza del agua, a media noche, para lanzar imprecaciones
contra ti y contra mí. Y este es el motivo de que no recobre yo las fuerzas. Libértalos, pues. Entonces po-
drás venir a darme la mano y ayudarme a levantar, porque seguramente habré vuelto a la salud.”
Cuando la bruja oyó estas
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palabras, que creía del negro, exclamó muy alegre: “¡Oh dueño mío! pongo tu
voluntad sobre mi cabeza y sobre mis ojos.” E invocando el nombre de Bismillah, se levantó muy dichosa,
echó a correr, llegó al lago, cogió un poco de agua, y...
En este momento de' su narración Schahrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ LA NOVENA NOCHE
Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que cuando la bruja cogió un poco de agua y pronunció unas pa-
labras misteriosas, los peces empezaron a agitarse, irguiendo la cabeza, y acabaron por convertirse en hijos
de Adán, y en la hora y en el instante se desató la magia que sujetaba a los habitantes de la ciudad. Y la
ciudad se convirtió en una población floreciente, con magníficos zocos bien construidos, y cada habitante
se puso a ejercer su oficio, Y las montañas volvieron a ser islas como en otro tiempo. Y hete aquí todo lo
que hubo respecto a esto. Por lo que se refiere a la bruja, ésta volvió junto al rey, y como le seguía tomando
por el negro, le dijo: ¡Oh querido mío! Dame tu mano generosa para besarla.” Y el rey le respondió en voz