Este documento ha sido descargado de
http://www.escolar.com
qué me había ocurrido o mí. Entonces derramó muchas lágrimas, y exclamó “¡Oh sobrino mío! vienes a
añadir una aflicción a mis aflicciones y un dolor a mis dolores. Porque has de saber que el hijo de tu pobre
tío ha desaparecido hace muchos días, y nadie sabe dónde está.” Y rompió a llorar tanto, que se desmayó.
Cazando volvió en sí, me dijo: “Estaba afligidísimo por tu primo, y ahora se.aumenta mi dolor con lo ocu-
rrido a ti y a tu padre. En cuanto a ti, ¡oh hijo mío! más vale haber perdido un ojo que la vida.”
Al oírle hablar de este modo, no pude callar por más tiempo lo que le había ocurrido a mi primo, y le re-
velé toda la verdad. Mi tío, al saberla, se alegró hasta el límite de la alegría; y me dijo: “Llévame en segui-
da a esa tumba.” Y contesté: ¡Por Alah! no sé donde está esa tumba. He ido muchas veces a buscarla, sin
poder dar con ella.”
Entonces nos fuimos al cementerio, y al fin, después de buscar en todos sentidos, acabé por encontrarla.
Y yo y mi tío llegamos al límite de la alegría, y entramos en la bóveda, quitamos la tierra, apartamos la losa
y descendimos los cincuenta peldaños que tenía la escalera. Al llegar abajo, subió hacia nosotros una huma-
reda que nos cegaba. Pero en seguida mi tío pronunció la Palabra que libra de todo temor a quien la dice, y
es ésta: “¡No hay poder ni fuerza mas que en Alah, el Altísimo, el Omnipotente!”
Después seguimos andando, hasta llegar a un gran salón que estaba lleno de harina y de grano de todas
las especies, de manjares de todas clases y de otras muchas cosas. Y vimos en medio del salón un lecho cu-
bierto por unas cortinas. Mi tío miró hacia el interior del lecho, y vio a su hijo en brazos de aquella mujer
que le había acompañado, pero ambos estaban totalmente convertidos en carbón, como si los hubieran
echado en un horno.
Al verlos, escupió mi tío en la cara de su hijo, y exclamó: “Mereces el suplicio de este bajo mundo que
ahora sufres, pero aún te falta el del otro, que es mas terrible y más duradero.” Y después de haberle escupí-
do, se descalzó una babucha, y con la suela le dio en la cara.
En este momento de su narración, Schahrazada vio aproximarse la mañana, y discretamente no quiso
abusar del permiso que se le había concedido.
PERO CUANDO LLEGÓ LA 12
a
NOCHE
Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que el saaluk, mientras la concurrencia escuchaba su relato prosi-
guió diciendo a la joven:
Después que mi tío dio con la babucha en la cara de su hijo, que estaba allí tendido y hecho carbón, me
quedé prodigiosamente sorprendido ante aquel golpe. Y me afligió mucho ver a mi primo convertido en
carbón, ¡tan joven como era! Y en seguida exclamé: “¡Por Alah! ¡oh tío mío! Alivia un poco los pesares de
tu corazón. Porque yo sufro mucho con lo que ha ocurrido a tu hijo. Y sobre todo, me aflige verlo converti-
do en carbón, lo mismo que a esa joven, y que tú, no contento con esto, le pegues con la suela de tu babu-
cha.” Entonces mi tío me contó lo siguiente:
“¡Oh sobrino mío! Sabe que este joven, que es mi hijo, ardió en amores por su hermana desde la niñez. Y
yo siempre le alejaba de ella, y me decía: “Debo estar tranquilo, porque aún son muy jóvenes.” Sin embar-
go, eché a mi hijo una reprimenda terrible y le dije: “¡Cuidado con esas acciones que nadie ha cometido
hasta ahora, ni nadie cometerá después! ¡Cuenta que no habría reyes que tuvieran que arrastrar tanta ver-
güenza ni tanta ignominia como nosotros! ¡Y los correos propagarían a caballo nuestro escándalo por todo
el mundo! ¡Guárdete, pues, si no quieres que te maldiga y te mate!” Después cuidé de separarla a ella y de
separarle a él.
Así, pues, cuando mi hijo vio que le había separado de su hermana, debió fabricar este asilo subterráneo
sin que nadie lo supiera; y como ves, trajo a él manjares y otras cosas; y se aprovechó de mi ausencia,
cuando yo estaba en la cacería, para venir aquí con su hermana.
Con esto provocaron la justicia del Altísimo y Muy Glorioso. Y ella los abrasó aquí a los dos. Pero el su-
plicio del mundo futuro es más terrible todavía y más duradero.”
Entonces mi tío se echó a llorar, y yo lloré con él. Y después exclamó: “¡Desde ahora serás mi hijo en
vez del otro!”
Pero yo me puse a meditar durante una hora sobre los hechos de este mundo y en otras cosas: en la
muerte de mi padre por orden del visir, en su trono usurpado, en mi ojo hundido, ¡que todos veis! y en to-
das estas cosas tan extraordinarias que le habían ocurrido a mi primo, y no pude menos de llorar otra vez.
Luego salimos de la tumba, echamos la losa la cubrimos con tierra y dejándolo todo como estaba antes,
volvimos a palacio.
Apenas llegamos oímos sonar instrumentos de guerra, trompetas y tambores, y vimos que corrían los
guerreros, Y toda la ciudad se llenó de ruidos, del estrépito y
del polvo que levantaban los cascos de los ca-
ballos. Nuestro espíritu se hallaba en una gran perplejidad, no acertando la causa de todo aquello. Pero por
fin mi tío acabó por preguntar la razón de estas cosas, y le dijeron: “Tu hermano ha sido muerto por el visir,