Libro de Apolonio
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«véyome de mi gente, de mi logar partida,
« ¡si Dios no me valiere, tengo que sé perdida!
«Semejas homne bueno, non te celaré nada,
«ca fija sé de rey e con rey fui casada;
«non sé por cual manera sé aquí arribada,
«ca só en muy gran miedo de seyer ahontada.
Fablóle el maestro a muy grande sabor:
—«Señora, confortadvos, non hayades pavor,
«tenetvos por guarida, grado al Criador,
«bien seredes guarida como nunca mejor.
«Yoguiésedes folgada, yo ál non rogaría,
«yo vos faré servicio como a madre mía;
«si mucho vos cuitáredes, faredes recadía:
«prendrá mala finada toda nuestra metgía.»
Yogo en paz la dueña, non quiso más fablar.
Fue el santo diciplo su maestro buscar:
—«Maestro, diz, albricia te vengo demandar:
«guarida es la dueña, bien lo puedes probar.»
Fuese luego el maestro, non lo quiso tardar,
fallé viva la dueña, maguer con flaquedat,
dixole al diciplo, e non por poridat,
que la su maestría non habié egualdat.
Pensaron de la dueña, fasta que fue levada,
nunca viyo el mundo dueña mejor guardada;
la bondat de los metges era atan granada,
debié seyer escripta, en un libro notada.
Cuando fue guarida e del mal alimpiada,
profijóla el metge que la habiá sanada;
del haber no l’tomaron cuant’ una dinarada,
todo gelo guardaron, no 1’ despendieron nada.
Por amor que toviese su castidat mejor; f