Libro de Apolonio
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Todos homnes de Tiro, desque a él perdieron,
turaron en tristicia, siempr’ en duelo visquieron,
non por cosa, que ellos assaz non entendieron,
mas como Dios non quiso, fablar non le pudieron.
Cuando el rey vieron, hobieron tal plazer,
com’ homnes, que pudieron de cárcel estorçer;
véyenlo con los ojos, non lo podién creyer
mas dubdaban de cerca aún non lo tener.
Plogo a él con ellos e a ellos con él,
como siles viniesse el ángel Gabrïel;
sabet qu’ el pueblo era derecho e fiel;
non querrián, bien sepades, de haber rey novel.
Falló todas sus cosas, assaz bien aguisadas,
los pueblos sin querella, las villas bien pobladas;
sus labores bien fechas, sus arcas bien cerradas.
Las que dexó moçuelas, fallábalas casadas.
Mandó llegar sus pueblos en Tiro la cibdat,
llegós’ hí mucho homne e mucha potestat,
contóles su fazienda por cual necessitat,
había tanto tardado, cómo era verdat.
Los súbditos ruegan a Apolonio que permanezca con ellos para siempre, y
se lo promete.
Pesóles con las cuitas por que habiá passado,
que por mar e por tierra, tanto habié lazdrado,
mas deque tan bien era de todo escapado,
non daba nul cosa por todo lo passado.
—«Señor, dixieron todos, mucho bien has perdido;
«buscando aventuras, mucho mal has sofrido,
«pero todos debemos echarlo en olvido,
«ca eres en grant gracia e en grant prez caído.