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Klith apretó con fuerza el pedal. Se produjo un ruido seco,como el de un taponazo,
seguido por un débil bramido. Mas nada sucedió. La válvula debía estar obturada, o lo
que era peor, podía haberse abierto, pero fallado el gastado pedernal. Probó de nuevo
con más fuerza.
Se produjo un fogonazo.
¡BANG!
La estancia pareció dar un brinco. Una nube de partículas de polvo mezcladas con
trozos de piedra y migajas de mortero cayeron como una ducha, seguidas por un
llameante nido del tamaño de los puños de un hombre, y lleno de singulares trocitos de
antiguos anillos y relucientes monedas, y del cual huyó chillando al posarse en la
ventana próxima un pequeño pájaro púrpura. Por un golpe de suprema buena fortuna,
el nido ardiendo y su cargamento de cachivaches aterrizó sobre la cabeza del sicólogo.
En el caos de los siguientes minutos, con Snnorriz dando saltos por la habitación como
un loco, fue sencilla tarea para Klith el zafarse del generador, con cabilla y todo.
Mientras se estaba felicitando a sí mismo, apareció un cabo en el dintel de la
puerta, miró al chillón Snnorriz con asombro, y enfrentándose luego a Klith saludó.
-Señor, tenemos a un par de guardianes en la antesala.Según dicen, ese brujo
extraterrestre está abajo en la Antigua Andana a punto de ser devorado por hordas de
stobclers. ¿Quiere que les dé su merecido por molestarle a usted sobre eso?
Snnorriz dio una patada en el suelo y gritó :
-¡Bárbaros! ¡ Reptiles prehistóricos! ¡ Traigan al prisionero indemne aquí arriba, o
mi primo el Emperador sabrá de ello !
Hedding se hallaba ahora a través de los barrotes, apoyándose en el travesaño del
pesado marco, con su brazo izquierdo y ambas piernas enganchadas en las barras
verticales, y el brazo derecho pendiente y armado del largo cuchillo, asestándolo contra
los bichos y matando los suficientes para tener satisfechos a los demás.
En alguna parte del exterior, lo sabía, la expedición dispondría de aparatos
automáticos para su búsqueda. Un minúsculo transmisor en el interior de su cuerpo
estaba emitiendo una débil señal que, más pronto o más tarde sería detectada.
Lo malo era que aún después de que lo encontrasen, habrían de llegar a donde se
hallaba él. Si pudiera salir al exterior serían mucho mejores sus probabilidades de ser
y recogido.
Justamente entonces, voces de prevención y sonido de metal en el hueco de la
escalera, le indicaron el cauteloso descenso de un considerable cuerpo de guardia.
-¡Media vuelta! - ordenó una voz conocida- Vosotros, los cuatro de la retaguardia,
mantened la entrada. ¡En aquella dirección! Avanzad a la celda sexta de la décima
hilera, y .matad tantos de esos bichos como podáis y echadlos al pasillo.¡ En marcha ! .