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Caída
Caí de bruces y al incorporarme estaba en otro lugar, otra
ciudad, otro paisaje.
¿Desconocida?
Al verla, incluso sin conocerla de antes, supe de inmediato
que aquella joven sentía pasión por la pintura en la que predominase
el amarillo, asimismo adiviné o intuí que amaba los girasoles, que
tenía predilección por los atardeceres sombríos de cielo encapotado
y que su día preferido de la semana era el lunes en verano y el
viernes en invierno. Igualmente presentí, con notable claridad, que
cenaba sopa todas las noches, sorbiéndola cuando estaba sola, y
que se despertaba invariablemente hecha un ovillo, también si lo
hacía sin compañía. Fue así de sencillo y de sorprendente, quizás
milagroso. Fue verla por primera vez y saber de ella tanto como si
llevásemos una vida juntos.