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La página en blanco
La pantalla en blanco del ordenador, imitando una página
igualmente vacía, esperaba el contacto de mis dedos sobre el
teclado, lo mismo que antaño rayaba o pintaba cuartillas sobre la
mesa. Así fue que escribí o tecleé:
"Este cuento lo han escrito otros, casi todos. Es siempre el mismo
aunque cambien las formas. No tiene fin."
El grito
No vio nada al frente. A sus espaldas se extendía, igualmente,
el vacío, así como a los costados. Ya que la soledad era absoluta, el
grito fue sordo, ahogado, completamente inútil.
El amigo
Cogí con rapidez los billetes que estaban sobre la mesa de
juego y me fui. El ambiente tan cargado de la habitación me había
obligado a respirar con dificultad toda la noche y me causaba un
picor continuo en la garganta, por eso en la calle nocturna y fresca
noté el alivio balsámico inmediato del aire gélido. Antes de correr
hasta el vehículo me entretuve disfrutando con el soplo limpio que
entraba en mis pulmones. Ese fue el error. Dos sombras que