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convertirse en fumador. Es muy triste. Ahora nadie fuma, ni siquiera en la Sección de
la Eternidad destinada al Siglo Ciento veintitrés. Los Eternos de aquella Sección han
adoptado las costumbres locales. Si encendiera un cigarrillo se pondrían furiosos. A
veces pienso que me gustaría calcular un gran Cambio de Realidad y hacer
desaparecer los prejuicios contra el tabaco de todos los Siglos. Pero me lo impide la
seguridad que un Cambio semejante produciría una gran guerra en el Cincuenta y ocho
o una sociedad esclavista en el Mil. Todo tiene sus inconvenientes.
Al principio, Harlan estaba confuso, pero luego despertó su aprensión. Seguro
que aquellas divagaciones ocultaban algo.
Tenía la garganta seca. Al fin pudo decir:
—¿Puedo preguntar por qué ha solicitado mi presencia, señor?
—Me gustan sus informes, muchacho. Hubo un destello de placer en los ojos de
Harlan, pero no sonrió.
—Tienen el toque del artista. Usted tiene intuición, sabe captar las cosas. Creo
que sé cual es el puesto adecuado para usted en la Eternidad, y he venido a
ofrecérselo.
Harlan pensó: «No puedo creerlo».
Reprimió la nota de triunfo en su voz y dijo:
—Es un gran honor para mí, señor.
En aquel momento el Jefe Programador Twissell, habiendo acabado su cigarrillo,
hizo aparecer otro en su mano izquierda como por arte de prestidigitación y lo
encendió. Exhaló un par de nubes de humo y dijo:
—¡Por vida de Cronos, muchacho! Habla como si recitase en el teatro. ¡Gran
honor! ¡Bah, tonterías! Dígame en palabras sencillas lo que le parece. Está contento,
¿no es así?
—Sí, señor —dijo Harlan con precaución.
—Bien; es lo normal. ¿Qué le parecería llegar a ser Ejecutor?
—¡Ejecutor! —exclamó Harlan, saltando de su asiento.
—Siéntese, siéntese. Parece sorprendido.
—Nunca he pensado en especializarme como Ejecutor, Programador Twissell.
—Nadie lo piensa —dijo Twissell secamente—. Todos esperan llegar a ser algo,
menos eso. Por eso los Ejecutores son difíciles de encontrar y siempre hay puestos
vacantes. Ni una sola Sección de la Eternidad tiene los que necesita.
—No creo reunir las condiciones necesarias.
—Quiere decir que no quiere aceptar un puesto difícil. ¡Por Cronos! Si desea
servir a la Eternidad, como creo que desea, las dificultades del puesto no deben
importarle. Y tendrá la satisfacción de saber que le necesitamos, y mucho.
Especialmente yo.
—¿Usted, señor? ¿Usted especialmente?
Hubo un reflejo de astucia en la sonrisa del anciano.
—No será un simple Ejecutor. Será mi Ejecutor personal. Tendrá una categoría
especial. ¿Qué le parece ahora?