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—No lo sé, señor —dijo Harlan—. Es posible que no reúna condiciones para
desempeñar ese puesto. Twissell meneó la cabeza con decisión.
—Yo le necesito. Le necesito a usted. Sus informes y su trabajo me aseguran de
que tiene en su cabeza lo que yo necesito. —Se golpeó la frente con el índice—. Su
hoja de servicios como Aprendiz es buena; las Secciones en donde ha trabajado como
Observador informan favorablemente. Pero lo que me ha convencido ha sido el informe
de Finge.
Harlan se sorprendió.
—¿Me es favorable el informe del Programador Finge?
—¿Acaso esperaba lo contrario?
—Pues... no lo sé.
—Bien, muchacho, no he dicho que le fuese favorable. He dicho que me había
convencido. En realidad, el
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informe de Finge no habla a su favor. Recomienda que se le releve de todas
las misiones relativas a Cambios de Realidad, y sugiere que se le traslade al Servicio
de Mantenimiento.
Harlan enrojeció.
—¿Qué motivos tiene para decir eso?
—Por lo visto tiene usted una afición, muchacho. ¿Le interesa la Historia
Primitiva, verdad?
Hizo un ademán con su cigarrillo. En su irritación, Harlan se olvidó de contener
el aliento, respiró humo y se vio sacudido por un incontenible acceso de tos.
Twissell esperó con calma a que cesara la tos de Harlan y luego continuó:
—¿No es cierto?
—El Coordinador Finge no tiene derecho... —empezó Harlan.
—Tranquilo, hombre. Le he hablado de ese informe porque guarda relación con
el trabajo que va a desempeñar para mí. De hecho, el informe era confidencial y
secreto, y debe olvidar lo que le he dicho sobre él. Olvidarlo completamente,
muchacho.
—Pero ¿qué hay de malo en mi interés hacia la Historia Primitiva?
—Finge opina que su afición demuestra un fuerte Complejo de Retorno. ¿Me
comprende ahora, muchacho?
Harlan le comprendía, en efecto. Todo el mundo llegaba a conocer algo de la
jerga psiquiátrica. Sobre todo, aquella frase. Se suponía que todos los miembros de la
Eternidad sentían una fuerte tendencia, tanto más poderosa por cuanto estaban
oficialmente prohibidas todas sus manifestaciones, a regresar, no necesariamente a su
propio Siglo, pero cuando menos a un Tiempo definido; a formar parte de un Siglo, en
vez de pasar incesantemente a través de todos ellos. Desde luego, en la mayor parte
de los Eternos, aquella tendencia permanecía siempre oculta en el subconsciente.
—No creo que sea éste mi caso —dijo Harlan.
—Tampoco yo lo creo. Opino que su afición es interesante y de mucho valor
para nosotros. Como le he dicho, por ella me interesa usted. Quiero que enseñe a un
Aprendiz que le traeré, todo cuanto sepa y cuanto pueda averiguar sobre Historia