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que se siente más importante al ponerse al lado de ellos? ¿Ello le convierte en un
personaje? ¿Tendrá así más categoría en la Eternidad?
—Ya le he dicho que lo siento.
—Bien. Sólo quiero que sepa que me nombraron Ejecutor hace menos de un
mes, y que nunca he inducido un Cambio de Realidad personalmente. Y ahora,
volvamos al trabajo.
El jefe Programador Twissell llamó a Andrew Harlan
a su despacho al día siguiente.
—¿Le gustaría dirigir un C.M.N., muchacho? —dijo.
Parecía una coincidencia. Durante toda la mañana Harlan había estado
reprochándose su cobardía al negar toda relación personal con el trabajo propio de un
Ejecutor; su grito infantil de: «Yo no he sido, yo no tengo la culpa de nada».
Era como admitir tácitamente que había algo reprobable en la misión del
Ejecutor, y querer disculparse sólo porque era demasiado nuevo en el oficio para haber
tenido tiempo de convertirse en un criminal.
Recibió con alegría la oportunidad de poder eliminar aquella excusa. Era casi
una penitencia que se imponía a sí mismo. Ahora podría decirle a Cooper: «Mire, ahora
ya lo hice, y millones de personas tendrán nuevas personalidades; pero fue un acto
necesario y estoy orgulloso de haber sido la causa de ello».
De manera que Harlan contestó alegremente:
—A su disposición, señor.
—Bien, bien. Le agradará saber —Twissell aspiró y la punta del cigarrillo brilló
con un color rojizo— que todos los análisis han demostrado ser de gran precisión.
—Gracias, señor.
Ahora los llamaba análisis, pensó Harlan, y no conjeturas.
—Usted tiene talento. Una mano maestra. Espero grandes cosas de usted,
muchacho. Podemos empezar con este Cambio en el Doscientos veintitrés. Su
indicación de que simplemente un embrague atascado en cierto vehículo, puede
facilitarnos la bifurcación necesaria, sin efectos secundarios perniciosos, es
perfectamente exacta. ¿Quiere usted encargarse de atascar ese mecanismo?
—Sí, señor.
Aquella fue la verdadera iniciación de Harlan en su carrera de Ejecutor. Después
de aquello se convirtió en algo más que un hombre con un emblema rojo. Había
manipulado en la Realidad. Había descompuesto aquel mecanismo de un coche
durante unos rápidos minutos sustraídos al Siglo 223, y como resultado, un joven no
llegó a tiempo para asistir a una conferencia sobre la Ingeniería Solar, y un sencillo
invento retrasó su aparición en diez años críticos. Aunque parecía extraño, debido a
todo ello desapareció de la Realidad una guerra en el 224.°.
¿No era aquello un bien? ¿Qué importaba que se modificasen las
personalidades? Las nuevas personalidades eran tan humanas como las anteriores y
tan merecedoras de vivir. Si algunas personas resultaban con la vida acortada, otras,
en cambio, vivían mucho más y más felices. Una gran obra de literatura, un
monumento de la inteligencia y sensibilidad del Hombre, nunca se escribió en la nueva
Realidad, pero varias copias de la misma se conservaban en las bibliotecas de la
Eternidad, ¿no era cierto? En cambio, fueron creadas otras nuevas obras.