correr.
--¡Robbie no puede correr! -gritaba con toda la fuerza de su voz de
ocho años-. ¡Lo gano cada día! ¡Lo gano cada día! -cantaban las
palabras con un ritmo infantil.
Robbie no contestó, desde luego...
con palabras. Echó a correr, esquivando a Gloria cuando la niña
estaba a punto de alcanzarlo, oblig ndola a describir círculos que iban
estrech ndose, con los brazos extendidos azotando el aire.
--¡Robbie... estáte quieto! -gritaba. Y su risa salía estridente,
acompañando las palabras.
Hasta que Robbie se volvió súbitamente y la agarró, haciéndole dar
vueltas en el aire, de manera que durante un momento para ella el
universo fue un vacío azulado y los verdes rboles que se elevaban del
suelo hacia la bóveda celeste. Y después se encontró de nuevo
sobre la hierba, al lado de la pierna de Robbie y agarrada todavía a un
duro dedo de metal.
Al poco rato recobró la respiración. Trató inútilmente de arreglar su
alborotado cabello con un gesto de vaga imitación de su madre y miró
si su vestido se había desgarrado.
Golpeó con la mano la espalda de Robbie.
--¡Mal muchacho! ¡Malo, malo! ¡Te pegaré!
Y Robbie se inclinaba, cubriéndose el rostro con las manos, de
manera que ella tuvo que añadir: --¡No, no, Robbie! ¡No te pegaré!
Pero ahora me toca a mí esconderme, porque tienes las piernas más
largas y me prometiste no correr hasta que te encontrase.
Robbie asintió con la cabeza -pequeño paralelepípedo de bordes y
ngulos redondeados, sujeto a otro paralelepípedo más grande, que
servía de torso, por medio de un corto cuello flexible- y
obedientemente se puso de cara al rbol. Una delgada película de
metal bajó sobre sus ojos relucientes y del interior de su cuerpo salió
un acompasado tic-tac.
--Y ahora no mires, ni te saltes ningún número -le advirtió Gloria,
mientras corría a esconderse.
Con invariable regularidad fueron transcurriendo los segundos, y al
llegar a cien se levantaron los p rpados y los ojos colorados de
Robbie inspeccionaron los alrededores. Al instante se fijaron en un
trozo de tela de color que salía de detr s de una roca. Avanzó algunos
pasos y se convenció de que era Gloria.