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Sentido Giratorio
Uno de los principios favoritos de Gregory Powell era que con la
excitación no se gana nada; de manera que cuando Mike Donovan
bajó las escaleras saltando hacia él, con el cabello rojo empapado de
sudor, Powell frunció el ceño.
--¿Qué pasa? -dijo-. ¿Te has roto una uña? --¡Ya!... -exclamó
Donovan febril-. ¿Qué has estado haciendo aquí abajo todo el día?
-Hizo una profunda aspiración-: ¡Speedy no ha regresado!
Los ojos de Powell se agrandaron momentáneamente y se detuvo
en la escalera; después reaccionó y siguió subiendo. No pronunció
una palabra hasta llegar al rellano de arriba y entonces, dijo: --¿Has
mandado a buscar el selenio?
--Sí.
--¿Y cu nto tiempo lleva fuera? --Cinco horas ya.
Silencio. Era una situación endiablada. Llevaban exactamente doce
horas en Mercurio y ya estaban metidos hasta las cejas en la mar de
complicaciones. Hacía ya tiempo que Mercurio era el mundo
endiablado del sistema, pero aquello resultaba algo excesivo, incluso
para un diablo.
--Empieza por el principio y vamos a poner esto en claro -dijo
Powell.
Estaban en la sala de la radio, con el equipo ya ligeramente
anticuado, que nadie había tocado durante los diez años anteriores a
su llegada.
Incluso diez años, tecnológicamente hablando, tienen importancia.
Comparemos a Speedy con el tipo de robots en boga por allá el año
2005. Pero el avance en robótica de aquellos días era tremendo.
Powell, contrariado, tocó una superficie metálica todavía reluciente. El
aspecto de abandono que reinaba en la estancia, e incluso en toda la