Powell se sentó y hundió el rostro en sus manos temblorosas.
--Sal de aquí, Cutie. Sal de aquí y déjame pensar.
--Te mandaré comida -dijo Cutie amablemente.
Un gruñido fue la única respuesta y el robot salió.
--Greg -dijo Donovan en voz baja y sombría-, esto requiere
estrategia.
Tenemos que aplicarle un cortocircuito en el momento en que no lo
espere. Acido nítrico concentrado en las articulaciones.
--No digas tonterías, Mike.
¿Crees acaso que nos dejará acercarnos a él con cido nítrico en las
manos? Tenemos que "hablar" con él, te digo. Tenemos que
convencerlo de que nos deje tomar de nuevo posesión de la sala de
control antes de cuarenta y ocho horas, o seremos reducidos a
papilla. Pero -añadió balance ndose, desalentado ante su impotencia-
¿quién va a discutir con un robot? --Es vejatorio... -terminó Donovan.
--¡Peor!
--¡Oye! -dijo Donovan, ech ndose a reír-. ¿Por qué discutir?
¡Demostrémoselo! Construyamos otro robot ante sus propios ojos.
¡Tendrá que tragarse sus palabras, entonces!
En el rostro de Powell apareció lentamente una sonrisa que se fue
ensanchando.
--¡Y piensa en su cara de espanto cuando nos vea hacerlo! -terminó
Donovan.
Los robots son fabricados, desde luego, en la Tierra, pero su
expedición a través del espacio es mucho más fácil si puede hacerse
por piezas y montarlos en el sitio donde deben emplearse. Elimina
además la posibilidad de que robots completamente montados vayan
rondando por la Tierra, enfrentando de esta manera la U.S.
Robots con la estricta ley que prohíbe el uso de robots en la Tierra.
Sin embargo, esto hacía pesar sobre hombres como Powell y
Donovan las necesidades de sintetizar robots completos, tarea
laboriosa y complicada.
Powell y Donovan no se habían dado nunca tanta cuenta de la
verdad de este hecho como el día en que, reunidos en la sala de
montaje, emprendieron la creación de un nuevo robot bajo la
inspección y vigilancia de Qt-1, Profeta del Señor.
El robot en cuestión, un simple Mc, yacía sobre la mesa, casi