comprendo la cordura de la ilusión.
No quisiera tratar de conmover vuestra fe, aunque pudiese. -Y se
marchó, convertido en la imagen de la compasión.
Powell se echó a reír y se dirigió hacia Donovan. Con las maletas
cerradas en la mano, se encaminaron hacia la compuerta neumática.
La nave estaba en el rellano exterior y Franz Muller, su relevo, los
saludó con rígida cortesía. Donovan le prestó escasa atención y entró
en la cabina del piloto a tomar los mandos de Sam Evans.
--¿Cómo va la Tierra? -preguntó Powell, qued ndose atr s.
Era una pregunta bastante convencional y Muller dio la respuesta
convencional que merecía: --Sigue girando.
--Bien -dijo Powell.
--En el U.S. Robots han ideado un nuevo tipo, a propósito -dijo
Muller, mir ndole-. Un robot múltiple.
--¿Un qué? --Lo que he dicho. Hay un importante contrato de ellos.
Tiene que ser adecuado para los trabajos de minería en los
asteroides. Es un robot principal, con seis sub-robots alrededor.
Como tus dedos.
--¿Lo han probado ya? -preguntó Powell con ansiedad.
--Te están esperando a ti, he oído decir -dijo Muller sonriendo.
--¡Maldita sea!... -exclamó Powell, cerrando el puño-. Necesito
vacaciones.
--¡Oh, las tendr s! Dos semanas, creo.
Se estaba poniendo los gruesos guantes del espacio prepar ndose
para su estancia allí y sus espesas cejas se juntaron.
--¿Y qué tal va este nuevo robot? Será mejor que se porte bien; o
antes me condeno que dejarle tocar los mandos.
Powell hizo una pausa antes de contestar. Sus ojos recorrieron el
cuerpo del orgulloso prusiano desde su cabello encrespado hasta los
pies, reglamentariamente cuadrados..., y un súbito resplandor de
sincera alegría recorrió su cuerpo.
--El robot es muy bueno -dijo lentamente-. No creo que tengas que
preocuparte mucho de los mandos...
Hizo una mueca y entró en la nave.
Muller tenía que estar allí varias semanas...