--¡Por Júpiter, Mike! El cerebro es la parte más segura de un robot.
En la Tierra lo someten a una prueba quíntuple. Si pasa sin dificultad
el campo de prueba como lo ha pasado Dave, no es posible que el
cerebro funcione erróneamente. Esto cubre todos los fragmentos del
cerebro.
--¿Dónde estamos, pues? --No me des prisa. Déjame averiguarlo.
Queda todavía la posibilidad de una avería mecánica en el cuerpo.
Hay unos mil quinientos condensado res, veinte mil circuitos
eléctricos individuales, cinco mil células de vacío, mil contactos, y
miles de otras piezas individuales de diversa complejidad, que
pueden estar descompuestas
De estos misteriosos campos positónicos... nadie sabe nada.
--Oye, Greg -dijo Donovan, impacientándose visiblemente-. Tengo
una idea. Este robot puede estar mintiendo. Jamás...
--Los robots no pueden mentir a sabiendas, idiota. Si dispusiéramos
del comprobador Mccormack-Wesley podríamos comprobar individuo
por individuo durante veinticuatro o cuarenta y ocho horas, pero los
dos únicos comprobadores M.W. existentes están en la Tierra y
pesan diez toneladas; están sobre una base de hormigón y son
inamovibles.
--Pero, Greg -dijo Donovan, mirando la mesa-, sólo dejan de
funcionar cuando no los vigilamos. Hay algo... siniestro en esto.
-Subrayó su juicio con un puñetazo sobre la mesa.
--Me das asco -dijo Powell, lentamente-. Has estado leyendo novelas
de aventuras.
--Lo que quisiera saber es qué vamos a hacer... -gritó Donovan.
--Yo te lo diré. Voy a instalar una placa de visión sobre mi mesa.
All mismo, en la pared. Voy a enfocarla a cualquier sitio de la mina
donde se trabaje y vigilaré. Eso es todo.
--¿Eso es todo?... Greg...
Powell se levantó del sillón y apoyó sobre la mesa sus puños
cerrados.
--Mike, estoy pasando muy malos momentos. Llevas una semana
molestándome con Dave. Dices que se ha estropeado. ¿Sabes cómo
se ha estropeado? ¡No! ¿Sabes qué forma ha adquirido la avería?
¡No! ¿Sabes qué la ocasiona? ¡No! ¿Sabes qué le impide trabajar?