tierras? Donovan avanzó los labios, reflexionó, y dijo: --Por mi parte...
O.K.
--Bien. Manos a la obra.
Mientras avanzaba por el escarpado paisaje, Powell tenía todo el
aspecto de un conspirador. En aquella baja gravedad, andaba por el
abrupto suelo lanzando trozos de roca a derecha e izquierda bajo su
peso y levantando nubes de polvo gris. Mentalmente, sin embargo,
era el cauteloso avance de un conspirador.
--¿Sabes dónde estamos? -preguntó.
--Creo que sí, Greg.
--Muy bien, pero si un "dedo" se acerca a veinte pasos de nosotros
nos "sentir ", estemos en su línea de visión o no. Espero que ya lo
sabes.
--Cuando necesite una información sobre la ciencia robótica te la
pediré por escrito y por triplicado. Metámonos por aquí.
Estaban ya en los túneles; incluso la luz de las estrellas había
desaparecido. Los dos amigos seguían avanzando entre las paredes,
ilumin ndolas con sus l mparas a espacios intermitentes. Powell
buscó el seguro de su detonador.
--¿Conoces este túnel, Mike? --No muy bien. Es nuevo. Creo
poderlo reconocer por lo que vi en la placa de visión, pero...
Transcurrieron unos interminables minutos. Finalmente, Mike dijo:
--Toca eso...
Una ligera vibración de los muros se transmitió a través de la
enguantada mano metálica de Powell. No se oía nada, naturalmente.
--¡Diablos! Estamos muy cerca.
--Abre bien los ojos -dijo Powell
Donovan asintió, impaciente.
La cosa se produjo y desapareció antes de que pudiesen sentirla;
fue sólo un resplandor bronceado que atravesó su campo visual. Se
agarraron uno a otro en silencio.
--¿Crees que nos sienten? -susurró Powell.
--Espero que no. Pero será mejor que los cojamos de flanco. Toma
el primer túnel transversal a la derecha