III
Roberto Hasting en la zapatería - Procesión de mendigos
Corte de los Milagros
Una mañana de fines de septiembre presentose Roberto en la puerta
de La regeneración del calzado, y asomando la cabeza al interior del
almacén, dijo:
-¡Hola, Manuel!
-¡Hola, don Roberto!
-Se trabaja, ¿eh?
Manuel se encogió de hombros, dando a entender que no era
precisamente por su gusto.
Roberto vaciló un momento para entrar en la zapatería, y, al último, se
decidió y entró.
-Siéntese usted-le dijo el señor Ignacio, ofreciéndole una silla.
-¿Usted es el tío de Manuel?
-Para servirle.
Se sentó Roberto, ofreció un cigarro al señor Ignacio, otro a Leandro, y
se pusieron a fumar los tres.
-Yo conozco a su sobrino -dijo Roberto al zapatero-, porque vivo en
casa de la Petra.
-¡Ah! ¿Sí?
-Y hoy quisiera que le dejara usted libre un par de horas.
-Sí, señor; toda la tarde, si usted quiere.
-Bueno; entonces, yo vendré por él después de comer.
-Está bien.
Roberto contempló cómo trabajaban, y de repente se levantó y se fue.
Manuel no comprendía qué le quería Roberto, y por la tarde le esperó
con verdadera impaciencia. Llegó, y los dos salieron de la calle del Águila
y bajaron a la ronda de Segovia.
-¿Tú sabes dónde está la Doctrina? -preguntó Roberto a Manuel.
-¿Qué Doctrina?
-Un sitio donde se reúnen los viernes muchos mendigos.
-No sé.
54