Mediodía.
-Pues sí -siguió diciendo Horacio, llenando su copa de cerveza-. Yo me
lo explico todo, los detalles más nimios, por las leyes biológicas o
sociales. Esta mañana, al levantarme, oía a mi patrona que hablaba con
el panadero de la subida del pan. «¿Y por qué ha encarecido el pan?», le
preguntaba ella. «No sé -replicaba él-; dicen que la cosecha es buena.»
«¿Pues entonces?» «No sé.» Me fui a la oficina a la hora en punto, con
exactitud inglesa; no había nadie, es la costumbre española, y me
pregunté: ¿En qué consiste la subida del pan si la cosecha se presenta
buena? Y di con la explicación, que creo te convencerá. Tú sabrás que en
el cerebro hay lóbulos.
-Yo qué he de saber eso, hijo mío -replicó la baronesa, distraída,
mojando un bizcocho en el chocolate.
-Pues sí, hay lóbulos, y, según opinión de los fisiólogos, cada lóbulo
tiene su función; uno sirve para una cosa, el otro para otra,
¿comprendes?
-Sí.
-Bueno; figúrate tú que en España hay cerca de trece millones de
individuos que no saben leer y escribir. ¿No me entiendes?
-Sí, hombre, sí.
-Pues bien: ese lóbulo en los hombres ilustrados, se emplea en
esfuerzos para entender y pensar en lo que se lee; aquí no lo utilizan
trece millones de habitantes. Esa fuerza, que debían gastar en discurrir,
la emplean en instintos fieros. Consecuencia de esto, el crimen aumenta,
aumenta el apetito sexual, y al aumentar éste, crece el consumo de
alimentos y encarece el pan.
La baronesa no pudo menos de reírse al oír la explicación de su primo.
-No es una fantasía -replicó Horacio-; es la pura verdad.
-Si no lo dudo, pero me hace reír la noticia. Manuel también se ríe.
-¿De dónde has sacado este chico?...
-Es el hijo de una mujer que conocimos. ¿Qué te dice tu ciencia de él?
-A ver, quítate la gorra.
Manuel se quitó la gorra.
-Éste es un celta -añadió Horacio-. ¡Buena raza! El ángulo facial
abierto, la frente grande, poca mandíbula...
-Yeso ¿qué quiere decir? -preguntó Manuel.
-En último término, nada. ¿Tú tienes dinero?
-¿Yo? Ni un botón.
-Pues entonces, lo que te puedo decir es esto: que como no tienes
dinero, ni eres hombre de presa, ni podrás utilizar tu inteligencia,
aunque la tengas, que creo que sí, probablemente morirás en algún
hospital.
-¡Qué bárbaro! -exclamó la baronesa-. No le digas eso al chico.
La lucha por la vida II. Mala hierba
56