su mujer, que tenían una niña. Los dos se emborrachaban y pegaban a
la niña de una manera bestial.
Manuel estuvo muchas veces dispuesto a entrar en el cuarto, porque
suponía que aquellos bárbaros martirizaban a la niña.
Una de las mañanas que encontró a la carpintera le dijo:
-¿Por qué pegan ustedes así a la chica?
-,Te importa algo?
-Claro que me importa.
-¿No es mi hija? Puedo hacer con ella lo que quiera.
-Así debía haber hecho su madre con usted -le contestó-: quitarla de
en medio a palos, por bruja.
Refunfuñó la mujer, y Manuel se fue a la imprenta.
Por la noche, el carpintero detuvo a Manuel.
-¿Qué le has dicho tú a mi señora, eh?
-Le he dicho que no debía pegar a su hija.
-Y a ti, ¿quién te mete a decir nada?
El carpintero tenía un aspecto feroz, un entrecejo abultado y el cuello
de toro. Una gruesa vena le cruzaba la frente. Manuel no le contestó.
Afortunadamente para él, el carpintero y su mujer se mudaron de la
casa pronto.
En los cuchitriles del mismo pasillo del parador vivían también dos
gitanos viejos con sus familias, los dos muy zaragateros y muy ladrones;
una muchacha ciega que cantaba flamenco en la calle, moviéndose con
unas convulsiones de epiléptica, y que iba acompañada de otra chiva,
con la que se pegaba continuamente; dos hermanas muy golfas, muy
zarrapastrosas, pintadas, chillonas, embusteras, liosas, pero alegres
como cabras.
La habitación de Jesús se hallaba bastante próxima a la de Manuel, y
esta vida común de la imprenta y de la casa hizo que estrecharan más
sus relaciones de amistad.
Jesús era un excelente muchacho, pero se emborrachaba con una
frecuencia lamentable; tenía dos hermanas solteras, una bonita, con
unos ojos verdes de gato, de facha desvergonzada, llamada Sinforosa, y
la otra, una pobre enclenque, torcida y escrofulosa, a quien todos la
decían, implacablemente, la Fea.
A los dos meses o cosa así de vivir en el parador, Jesús, con su tono
irónico peculiar, le dijo a Manuel cuando marchaban los dos a la
imprenta:
-¿No sabes? Mi hermana está preñada.
-¿Sí?
-Vaya.
-¿Cuál de las dos?
-La Fea. ¿Quién habrá sido el héroe? Merece una cruz.
Pío Baroja
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