-¡Oh! Ha matado mi vida -exclamó Oswald de un modo enfático, y se
sentó junto a la mesa y apoyó la frente en la mano; luego se levantó de
la silla y comenzó a pasear de un lado a otro del cuarto.
-Ésta es la verdad, la pura verdad -afirmó Esther-, y quería que la
supiera usted, y delante de ella, que no podrá desmentirme. A mí me ha
hecho desgraciada; pero ella no gozará tranquilamente de su perfidia.
-¡Ha matado mi vida! -replicó Oswald con su tono enfático.
-Ella. Ha sido ella.
-Te mataré -gritó Fanny con voz ronca, agarrando de los brazos a
Esther.
-Pero ¿ahora sabe usted que lo que ha dicho de mí es mentira?
-preguntó Oswald.
-Sí.
-Ahora, ¿podrá usted oírme?
-Ahora, ¡ja..., ja! -rió Fanny-;ahora tiene un amante.
-No es cierto -exclamó Esther.
-Sí lo es; viene todos los días a verte. Es uno rubio. No lo puedes negar.
-¡Ah! Estaba aquí hace un momento -dijo Oswald.
No es mi amante, es un amigo.
-Pero ¿por qué le has llamado a Oswald? -gritó Fanny con rabia-. ¿Es
que le quieres?
-¡Yo, no! Pero quiero enseñarle a usted que no se juega con la vida de
los demás como usted jugó con la mía. Me engañó usted; ya me he
vengado.
-Te mataré volvió a gritar Fanny, y agarró del cuello a Esther.
-¡Roberto! ¡Roberto! -clamó Esther, asustada.
Apareció éste en el taller, cogió a su prima del brazo, y violentamente
la hizo separarse de Esther.
-¡Ah! ¿Eres tú, Bob? -dijo Fanny, serenándose inmediatamente-; has
venido a tiempo; iba a matarla.
La entrada de Roberto apaciguó un tanto los ánimos; se sentaron los
cuatro y hablaron. Discutieron el caso como si se tratara de un problema
de ajedrez. Fanny quería a Oswald. Oswald estaba enamorado de Esther,
y Esther no sentía inclinación alguna por el pintor. ¿Cómo iba a
arreglarse? Nadie cedía; además, hablando se perdían en laberínticos
análisis psicológicos, que no conducían a nada. Había oscurecido; Esther
encendió el quinqué y lo colocó sobre la mesa. La discusión continuaba
en frío; Oswald hablaba monótonamente.
-Sé tú el árbitro -dijo Fanny a Roberto.
-Yo, con que cada uno vaya por su lado, creo que resuelven su
conflicto. Pero fuera del perjuicio moral, tú, Fanny, has producido a
Esther un perjuicio material grandísimo.
-Estoy dispuesta a indemnizarla.
La lucha por la vida II. Mala hierba
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