IV
El inglés quiere dominar - Las razas - Las máquinas
Buenas ideas, bellos proyectos
Una tarde lluviosa de febrero, Manuel había encendido la luz en su
despacho de la imprenta, cuando se detuvo un coche a la puerta, y entró
Roberto.
-¡Hola! ¿Qué tal estás?
-Bien, ¿y usted?; ¿qué le trae por aquí con un tiempo tan malo?
-Te traigo trabajo.
-¡Hombre!
-He encontrado a mi antiguo editor, y hablando de sus negocios, me he
acordado de tu imprenta...
-De nuestra imprenta, querrá usted decir.
-Es verdad, de nuestra imprenta. Se me quejaba de que le hacían sin
cuidado los libros. Yo conozco, le he dicho, a un impresor nuevo que
trabaja bien. Pues dígale usted que venga, me ha contestado.
-¿Y qué hay que hacer?
-Unos libros con grabados, estadísticas y números. ¿Tú podrás tirar
grabados?
-Sí; muy bien.
-Pues vete hoy o mañana a verle.
-Descuide usted; iré. ¡Ya lo creo! Tendré que tomar otro cajista bueno.
-¿Y qué? ¿Trabajas mucho?
-Sí.
-Pero ganas poco.
-Es que como los obreros están asociados, se imponen.
-¿Y tú no estabas asociado antes?
-Yo, no.
-¿No eres socialista?
-¡Psch! -¿Anarquista quizá?
-Sí; me es más simpática la anarquía que el socialismo.
-¡Claro! Como es más simpático para un chico hacer novillos que ir a
clase. ¿Y cuál es la anarquía que tú defiendes?
80