ITESM
Los Intereses Creados
Campus Eugenio Garza Sada
Jacinto Benavente
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CRISPÍN .-¿Cómo conocidos? ¡Olvidados
los tengo! ¿No es vuestro
aquel soneto admirable que empieza:
“La dulce mano que acaricia
y mata”?
ARLEQUIN.-¿Cómo decís?
CRISPÍN.-“La dulce mano que
acaricia y mata.”
ARLEQUÍN.-¿Ése decís? No, no
es mío ese soneto.
CRISPÍN.-Pues merece ser vuestro.
Y de vos, Capitán, ¿quién no
conoce las hazañas? ¿NO fuisteis el
que sólo con veinte hombres asaltó
el castillo de las Peñas Rojas en la
famosa batalla de los Campos Negros?
CAPITAN.-¿Sabéis? . . .
CRISPÍN.-¿Cómo si sabemos?
¡Oh! ¿Cuánta veces se lo oí referir
a mi señor entusiasmado! ¡Veinte
hombres, veinte, y vos delante, y
desde el castillo. . . ¡bum!, ¡bum!,
¡bum!, disparos y bombardas y pez
hirviente, y demonios encendidos. . . !
¡Y los veinte hombres como un solo
hombre y vos delante! Y los de
arriba.... ¡bum!¡bum!¡bum!Y los tambores..
¡ran,rataplan,.Y los clarines. . . ,
¿tararí, tararí, tararí!...
Y vosotros sólo con vuestra
espada y vos sin espada. . . iris,
ris ris!, golpe aquí, golpe allí. . .,
una cabeza, un brazo. . . (Empieza
a golpes con la espada, dándoles de
plano al Hostelero y a los Mozos.)
Mozo.-¡Ay, ay!
HOSTELERO.- ¡Téngase; que se
apasiona como si pasara!
CRISPÍN.-¿Cómo si me apasiono?
Siempre sentí yo el animus belli.
CAPITÁN.-NO parece sino que os
hallasteis presente.
CRISPÍN.-Oírselo referir a mi señor
es como verlo, mejor que verlo.
¡Y a un soldado así, al héroe de las
Peñas Rojas en los Campos Negros,