ITESM
Los Intereses Creados
Campus Eugenio Garza Sada
Jacinto Benavente
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LEANDRO.-¡Calla,Crispín! ¡Basta!
No puedo consentir que mi amor
se trate como mercancía. Salid, doña
Sirena, decir a Silvia que vuelva a
casa de su padre, que no venga
aquí en modo alguno, que me olvide
para siempre, que yo he de huir
donde no vuelva a saber de mi nombre...
¡Mi nombre! ¿Tengo yo nombre acaso?
CRISPÍN.-¿No callarás?
SIRENA.-¿Qué le dio? ¡Qué lo
cura es ésta! ¡Volved en vos! ¡Renunciar
de ese modo a tan gran ventura!..
Y no se trata sólo de vos.
Pensad que hay quien todo lo fió
en vuestra suerte, y no puede burlarse
así de una dama de calidad
que a tanto se expuso por serviros.
Vos no haréis tal locura; vos os
casaréis con Silvia, o habrá quien
sepa pediros cuenta de vuestros engaños,
que no estoy tan sola en el
mundo como pudisteis creer, señor Leandro.
CRISPÍN.-Doña Sirena dice muy
bien. Pero creed que mi señor sólo
habla así ofendido por vuestra desconfianza.
SIRENA.-No es desconfianza en
él. . . Es, todo he de decirlo. . . , es
que el señor Polichinela no es hombre
de dejarse burlar. . . , y ante el
clamor que habéis levantado contra
él con vuestra estratagema de anoche...
CRISPÍN .-¿Estratagema decís?
SIRENA .-¡Bah! Todos nos conocemos.
Sabed que uno de los espadachines
es pariente mío, y los otros
me son también muy allegados. . .
Pues bien: el señor Polichinela no
se ha descuidado, y ya se murmura
por la ciudad que ha dado aviso a la
justicia de quién sois y cómo puede
perderos; dícese también que hoy
llegó de Bolonia un proceso. , .
CRISPÍN.- ¡Y un endiablado doctor
con él! Tres mil novecientos folios...