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y no haber besado más muchachas en la edad
en que nada hay tan importante como
besar muchachas
y execrarnos por no habernos establecido para
siempre en algún sueño de los buenos
ésos con desahogos y tiernas astucias y
mburucuyás en flor y alfombras voladoras
y juguetes insólitos y pezones
hospitalarios y almohadas de
convaleciente y largos largos zancos
y olfatear por vez primera el olor ácido de la
muerte pero también el escandaloso
aroma de la resurrección
y aceptar con restricto fervor esa gran lotería a
la intemperie que es la justicia inmanente
y aceptar asimismo otros recursos no menos
desesperados
y recordar de pronto falsas maravillas tales
como malvones diávolos picaflores
meccanos ombligos pipas sanguijuelas
alicates pirañas gramófonos candiles y
otros infantiles motivos de estupor que el
tiempo del adulto desprecio se ha
encargado luego de poner en su sitio
y reconciliarnos con la facilonga improvisación
aborigen que después de todo resulta
menos luctuosa que el meditado saqueo
de los banqueros manhattianos
y reducir a su enana dimensión la gloria
chantapufi de los padrastros de la patria
sí ahora estoy seguro de que esto estaba de
algún modo calculado
pero agustín y yo somos recién llegados a
semejante zozobra estatuida
y por lo tanto ignoramos si ésta alcanza su
temperatura cotidiana y normal o por el
contrario se trata de una fiebre de
excepción
Pocket El cumpleaños de Juan Ángel.p65
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