29
IX
¿Qué queda de esa Alicia
anterior a Lucas
que
caminaba conmigo doce cuadras, dando y recibien-
do confesiones triviales, secretos menores, intrigas
de clase? Esos regresos del liceo constituyen mi sola
aproximación a la bonanza, la única prosperidad de
mi historia. Diariamente veníamos en zigzag, en un
rodeo impremeditadamente cómplice, a fin de elu-
dir el espionaje familiar. En dos esquinas yo tenía el
derecho de ayudarla a cruzar tomándole apenas el
brazo, y sólo en raras ocasiones tratábamos ?con
pinzas? el tema del amor, a propósito de otros. Pero
si bien nos prohibíamos ese diálogo insulso, repetido,
esa especie de besuqueo verbal de los enamorados,
en cambio merodeábamos sin escrúpulos por sus lin-
des, allí donde están siempre disponibles el pasado
ufanamente abolido, la forzosa incomprensión de los
padres, lo que se cavila antes de dormir, y el futuro, el
futuro recóndito, insondable, desesperadamente im-
provisado.
Es claro que durante ese conato de felicidad incu-
rrí en engaños, en trampas ingenuas que yo mismo
me preparaba. Le relataba a Alicia, con lujo de de-
talles, la habilidad comercial de mi padre, pero ca-
Pocket Quién de nosotros.p65
5/6/00, 9:01
29