Es necesario destacar que las filiales de las compañías norteamericanas en Cuba no solamente pa-
gaban exageradamente caros todos los pro'duelos de importación –como una de las formas para
ocultar sus ganancias en Cuba y trasladarlas a su casa matriz– sino que utilizaban una especie de
código o clave para cada producto, que una vez traducido significaba su especificación. En ocasio-
nes cierto producto podía ser identificado por los técnicos de alguna fábrica y entonces había que
hacer un laborioso trabajo de investigación en otras fábricas similares para ver si había sido codifi-
cado de igual forma.
Otras veces los técnicos lo desconocían, eran productos con patentes especiales, secretas, que ya
venían con la fórmula ambigua y había que recurrir a un técnico extranjero para sustituirlo, aunque
fuera en parte. Otra gran tarea del Banco de Comercio Exterior era asegurar la importación de un
grupo de productos de consumo no duraderos, pero de imprescindible necesidad para la población.
Esos productos debían ser adquiridos en países donde existiera la garantía de que no serían inter-
feridos sus envíos. O sea, que la nueva institución tenía que ser capaz de cambiar la estructura del
comercio exterior del país, hacer nuevos convenios, buscar nuevos mercados y al mismo tiempo
mantener los viejos que fueran susceptibles de ser mantenidos, pero garantizando que hacia esos
mercados no se orientara la demanda de productos insustituibles en otro lado.
La barrera del comercio exterior significaba uno de los grandes obstáculos a que tendría que en-
frentarse el proceso de industrialización cubano. El Che iba adquiriendo cada día más conciencia
de este problema y de otros tan o más difíciles de resolver en los años futuros. Sus reflexiones lo
llevaban a comparar la agricultura con la industria. Según él la industria necesitaba técnica, necesi-
taba capitales, requería años de Preparación y de estudio. El error de un agricultor podría significar
la Pérdida de su cosecha, pero el año siguiente podía rectificar su error y obtener una buena pro-
ducción; el error al planificar una industria podría significar que se pagaran sus consecuencias du-
rante 30 o 40 años. Además era necesario preparar obreros calificados, técnicos, ingenieros, de ^s
cuales carecía el país. Por aquellos días ejemplificaba la situación existente con toda crudeza:
Esta es una situación trágica. Hace unas horas apenas estábamos discutiendo los compañeros del
Instituto del Petróleo que debían ir a la Unión soviética para adquirir una serie de equipos que se
necesitan. Mi única aspiración en este caso es que pudiera ir un cubano, nada más que un cubano
en el grupo; sin embargo, no es posible porque sencillamente nunca el imperio dio oportunidades a
los cubanos para que aprendieran todas las complicadas operaciones y toda la técnica que es ne-
cesario conocer para poder ir en una misión de este tipo. Es decir, que este año los técnicos que
irán a comprar a la Unión Soviética a nombre del Gobierno Cubano serán todos extranjeros.
Eso se produce en muchas ramas de nuestra industria y estamos desarrollándola a pesar de ello.
Es decir que la necesidad de técnicos, de producir técnicos de todo tipo, es cada día más imperio-
sa.
Eso no va a destruir nuestra capacidad de industrializarnos, pero siempre la va a frenar. Se pueden
hacer muchas cosas y se pueden hacer todas las cosas con entusiasmo, con buena fe, con espíritu
de trabajo, con ánimo de aprender, pero no se puede hacer al mismo ritmo que otras personas que
pongan todo eso y que además pongan su técnica.
O sea, que la industrialización de Cuba tendría que resolver todas esas dificultades. Porque había
algo muy apremiante que no podía esperar por largos procesos de planificación o de preparación
de personal calificado: el desempleo. Por tal razón el Che enfatizaba que junto al proceso de prepa-
ración y estudio de las inversiones industriales, era necesario destruir el "cáncer" de la economía
cubana de aquellos momentos: la falta de empleo para una buena parte de la población en edad la-
boral en todo el país. Para dar solución a ese grave problema, insistía en priorizar inversiones en la
agricultura y la pesca que además de aportar puestos de trabajo con más rapidez, eran ramas que
ayudarían a resolver los problemas alimenticios de la población en un plazo más corto y con un vo-