plicaría liquidar todas las importaciones cubanas, dado que el volumen de productos importados
por Cuba representaba importantes ingresos para las compañías norteamericanas. Otra interrogan-
te planteada por él estaba relacionada con la velocidad con que sería aplicado el bloqueo, ya que
existía un gran número de pedidos encargados antes del fin de 1960, que se encontraban en los
trámites de embarque. Por último tenía dudas acerca de la capacidad de los Estados Unidos para
trasmitir el bloqueo a otros países que comerciaban con Cuba. Ponía el ejemplo de Canadá, que ya
se había negado rotundamente a secundar a los Estados Unidos en tan aventurera agresión a un
pequeño país vecino.
Sobre el tema del bloqueo y su relación con las operaciones bancarias con los Estados Unidos,
también se vería obligado a desmentir los infundios del gobierno norteamericano, que en boca de
sus voceros, trataban de justificar, en parte, la medida argumentando que Cuba no pagaba sus
deudas oportunamente. La respuesta del Che no se hizo esperar, aclarando que hasta que Batista
estuvo en el poder, el comercio con los Estados Unidos se regía por un sistema normal de crédito
comercial. Sin embargo, tan pronto se estableció el control de cambio por parte del Gobierno Revo-
lucionario, las empresas norteamericanas exigieron el pago inmediato de todas las deudas pen-
dientes. El Che calificaba esa medida como una acción claramente discriminatoria y de desconfian-
za hacia el nuevo Gobierno que, por supuesto no se podía admitir. Cuba no desconocía la deuda,
simplemente declaró que durante 1960 no la pagaría, y cumplió su palabra. Todos los nuevos com-
promisos de pago contraídos por el Gobierno Revolucionario se cumplían religiosamente, salvo en
el caso del petróleo, donde surgió un conflicto insalvable al negarse las refinerías norteamericanas
a retinar el petróleo soviético. Por esa razón las refinerías fueron expropiadas con todos los activos
y pasivos, por lo que, según explicaba el Che, ese dinero había que borrarlo de los saldos pendien-
tes, ya que pertenecía a la nación cubana. Por otra parte podía demostrarse que esas compañías
le robaban al país en un solo año mucho más que el valor de los suministros de petróleo para la
producción de sus propias refinerías a precios exorbitantes.
Con respecto a las compras corrientes en los Estados Unidos, el Che desmentía el argumento
acerca del no pago de las deudas por ese concepto. Explicaba que todas las nuevas compras a
ese país se estaban haciendo mediante carta de crédito irrevocable y que estas operaciones eran
automáticas, ya que tan pronto se ponía en vigor una carta de crédito, los bancos corresponsales
en cualquier parte del mundo descontaban los fondos correspondientes en el momento en que las
mercancías estaban a disposición de Cuba. Aun cuando se quisiera hacer lo contrario por parte de
Cuba, sería imposible, ya que la aplicación de los pagos era automática. De tal modo quedaba de-
mostrada la falsedad de las afirmaciones norteamericanas. Y no sólo eso, sino que desde el primer
momento después del triunfo revolucionario, la política implantada por el comercio exterior cubano
fue la de ser estrictamente serio en el pago de todos los compromisos contraídos con sus suminis-
tradores. Y la prueba de la capacidad de pago de Cuba y su voluntad de cumplir sus obligaciones
quedaba demostrada al no existir ninguna queja por parte de ningún otro país del mundo sobre la
puntualidad de los pagos Por los importadores cubanos.
La política practicada por la Revolución en cuanto a sus compromisos de pago sometía al país a
una tensión permanente en términos de disponibilidad de divisas, pero el Gobierno administraba
con el mayor celo sus reservas y sometía al mayor control sus importaciones con el fin de cumplir
dicha política. Por supuesto que el Departamento de Estado de los Estados Unidos hacía prediccio-
nes catastróficas sobre la situación monetaria cubana. Pronto tendría que aceptar su fracaso, ya
que Cuba, con el apoyo de los países del campo socialista, empezaba a cubrir muchas de sus ne-
cesidades de importación en condiciones de pago favorables, protegiendo sus reservas y dispo-
niendo de las divisas indispensables para adquirir determinados productos en el mercado capitalis-
ta ante la inexistencia de estos en el mercado socialista. Por eso el Che afirmaba a mediados de
1960 que la gestión del Estado cubano en cuanto a las divisas había sido un triunfo completo y que
en muy corto plazo el estado de estas dejaría de ser un elemento de preocupación para Cuba.