te representaba un ejemplo de superación permanente. Esto último lo conocían los profesores y los
obreros quienes sabían que el Che le dedicaba horas de estudio a las matemáticas a la contabili-
dad, a la economía. También se sabía que ese esfuerzo permanente de superación por parte del
Che era capaz de llevarlo a cabo restándole horas al sueño, pues lo realizaba en horas nocturnas
en sus oficinas del Ministerio de Industrias. Puede asegurarse que la fuerza de ese ejemplo repre-
sentó un acicate incuestionable para despertar en muchos el interés por la capacitación y por la
propia superación personal.
A no dudar, el Che fue un visionario en cuanto a la importancia de la labor formativa y sus implica-
ciones para el futuro. En la actualidad, y cuando el conocimiento se ha convertido en el recurso cla-
ve, distinto de cualquiera de los recursos claves tradicionales, su ejemplo renace como un reclamo
para las nuevas generaciones. Hoy se admite con más fuerza que el conocimiento se vuelve obso-
leto a una mayor velocidad que en vida del Che. Las predicciones para estos primeros años de si-
glo acerca de las ventajas competitivas basadas en conocimientos, sea a escala de un país, una in-
dustria, una institución formadora o de un individuo, radican en que esas ventajas están sometidas
a un constante desafío ante la presencia de competidores totalmente nuevos.
Por tal razón, las más conocidas personalidades formadoras en el mundo coinciden con el Che al
afirmar que el
aprendizaje
no se puede suspender a ninguna edad.
Aprendizaje de toda la vida
son
palabras de moda, y no se considera una hipérbole afirmar que el aprendizaje será el requisito in-
dispensable para todo trabajador de conocimientos. La escuela ya no se considera un lugar para
formar adolescentes y esperar el momento en que salgan a trabajar. Estas instituciones se interre-
lacionan cada día más con las organizaciones empleadoras en la mayoría de los países del mundo,
y especialmente en los más desarrollados. Pero también las escuelas y la educación general se
han ido convirtiendo en cuestiones políticas centrales. La obra educativa impulsada por la Revolu-
ción Cubana y de la cual el Che fue uno de sus promotores, garantizó que la capacitación masiva
se convirtiera en prioridad central del programa revolucionario. Pocos políticos corn
o
él se proyecta-
ron en un horizonte de tan promisorias perspectivas.
En su artículo "Tareas industriales de la Revolución en los años venideros", escrito en 1961, el Che
se anticipaba con esta proyección de futuro:
Tenemos escalones que pasar para lograr nuestro objetivo; cursos de seguimiento para los obreros
recién alfabetizados; cursos de superación por radio y televisión para llevar a todos los obreros a
sexto grado; el mínimo–técnico para todos los obreros; convertir en obreros especializados a los
que tenían alguna base cultural, y en técnicos a obreros especializados; desarrollar cursos en las
unidades de producción; elevar la capacidad técnica y cultural de los administradores; investigar
cuáles son las carreras universitarias más importantes para las industrias y cuál el número de pro-
fesionales necesarios y proponer su creación y desarrollo, como paso final; desarrollar una tecnolo-
gía propia basada en el estudio y aprovechamiento de nuestras riquezas por nuestros científicos.
El componente socio sicológico en la capacitación y en el desarrollo de los recursos humanos, en
general representó una preocupación del Che desde los inicios de estos programas. Los trabajos
de investigación en ese campo constituyeron un elemento de gran valor científico en la selección y
evaluación de dirigentes, y sirvieron también de soporte y orientación para los planes de capacita-
ción y para las escuelas organizadas con esos fines. En conjunción con esos esfuerzos debe resal-
tarse la visión anticipada del Che sobre el enfoque participativo en la dirección, cuando aún no se
habían desarrollado las técnicas de trabajo en grupo que últimamente son bien conocidas.
Algunos han dicho que el Che fue un hombre duro a la hora de ejercer el mando como dirigente ad-
ministrativo, y sobre el particular se hacen varias interpretaciones. Los que colaboramos con él
siempre lo reconocimos y lo recordamos como el gran ejemplo de jefe y compañero. Su imagen no
fue la del hombre blando que sigue y se amolda al criterio de los demás sin análisis crítico frente a
los problema y las decisiones. Siempre fue el motor, y el líder afable, con profesionalidad, y que sa-