-He estado pensando, y escuchándote. Esto no va bien. Nos convierte en perversos.
Es una forma de morir muy mala, nos saca toda la maldad que llevamos dentro. Hollis,
¿me escuchas?
-Sí
-Te mentí. Hace un momento. Te mentí. No voté contra ti. No sé por qué lo dije. Creo
que deseaba hacerte daño. Parecías el más indicado. Siempre nos hemos peleado,
Hollis. Creo que me estoy haciendo viejo de repente, arrepintiéndome. Guando oí que tú
eras un perverso me avergoncé. Es igual, quiero que sepas que yo también fui un idiota.
No hay ni pizca de verdad en todo lo que dije. Y vete al infierno.
Hollis sintió que su corazón volvía a latir. Había estado parado durante cinco minutos.
Ahora, todos sus miembros recuperaron el calor. La conmoción había terminado, y los
sucesivos ataques de cólera, terror y soledad iban disipándose. Era un hombre recién
salido de una ducha fría matutina, listo para desayunar y enfrentarse a un nuevo día.
-Gracias, Applegate.
-No hay de qué. Y anímate, bobo.
-¿Dónde está Stimson? ¿Cómo se encuentra?
-¿Stimson?
Todos escuchaban atentamente:
-Debe de haber muerto.
-No lo creo. ¡Stimson!
Volvieron a escuchar.
Y oyeron una respiración dificultosa, lejana, lenta...
-Es él. Escuchad.
-¡Stimson!
Nadie respondió.
Sólo podían oír una respiración lenta y bronca.
-No contestará.
-Ha perdido el conocimiento. Dios le ayude.
-Es él, escuchad.
Una respiración apenas audible, el silencio.
-Está encerrado como una almeja. Encerrado en sí mismo, haciendo una perla.
Consideradlo así, todo tiene su poesía. Él es más feliz que nosotros.
Stimson flotaba en la lejanía. Todas lo escucharon.
-¡Eh! -dijo Stone.
-¿Qué?
Hollis había contestado con toda su fuerza. Stone, más que ningún otro, era un buen
amigo.
-Estoy entre un enjambre de meteoritos, pequeños asteroides.
-¿Meteoritos?
-Creo que es el grupo de Mirmidón, que se desplaza entre Marte y la Tierra y tarda cien
años en recorrer su órbita. Me encuentro justo en el medio. Es como un calidoscopio
gigante. Hay colores, formas y tamaños de todos los tipos. ¡Dios mío, que hermoso es
todo esto!
Silencio.
-Me voy con ellos -prosiguió Stone-. Me llevan con ellos. Estoy condenado. -Y se rió de
buena gana.
Hollis trató de ver algo, pero sin conseguirlo. Allí sólo había las grandes joyas del
espacio, los diamantes, los zafiros, las nieblas de esmeraldas y las tintas de terciopelo del
espacio, y la voz de Dios confundiéndose entre los resplandores cristalinos. Era algo
increíble y maravilloso pensar en Stone acompañando al enjambre de meteoritos. Iría más
allá de Marte y volvería a la Tierra cada cinco años. Entraría y saldría de las órbitas de los
planetas durante las siguientes miles y miles de años. Stone y el enjambre de Mirmidón,