semana próxima con el propósito de consolidar su fama de milagrero y quitarnos los
contratos. Me parece que le voy a arruinar el negocio.
Martin alzó unos ojos tristes.
-Lo mataré -dijo.
-Vamos, vamos, Martin. Calma, calma.
-Lo mataré... Lo juro.
-Voy a echarle unas cuantas piedras en el camino. Admitirá usted que es listo. Inmoral,
pero listo.
-Es un canalla.
-Debe prometerme que no recurrir a la violencia, Martin. -El capitán Hart volvió a revisar
sus informes-. Según mis notas se han producido treinta milagros. Un ciego ha
recuperado la vista; un leproso ha curado totalmente. Oh, Burton sabe hacer las cosas,
hay que reconocérselo.
Sonó un gong. Un momento después un hombre se acercaba corriendo.
-Capitán, capitán. Un informe. Viene la nave de Burton. Y también la nave de Ashley,
señor.
-Ha visto. -El capitán Hart descargó su puño sobre la mesa-. Ahí llegan los chacales.
No pueden esperar. Tienen hambre. Verá como me enfrento con ellos. ¡Les sacaré una
buena tajada!
Martin parecía enfermo. Miraba fijamente al capitán.
-Negocios, mi querido muchacho, negocios.
Todos alzaron la vista. Dos cohetes descendían desde lo alto.
Los cohetes casi se hicieron pedazos al tocar el suelo.
-¿Qué les pasa a esos idiotas? -gritó el capitán incorporándose bruscamente.
Los hombres corrieron a través de los prados hacia los cohetes envueltos en nubes de
vapor. El capitán corrió detrás de ellos. En el cohete de Burton se abrió la puerta de la
cámara de aire.
Un hombre cayó en los brazos de los oficiales.
-¿Qué pasa? -gritó el capitán.
Dejaron al hombre en el suelo. Se inclinaron hacia él. Estaba todo quemado. Tenía el
cuerpo cubierto de heridas y cicatrices. La piel, inflamada en algunos sitios, humeaba
débilmente. El hombre abrió unos ojos hinchados y movió una lengua espesa entre unos
labios en carne viva.
-¿Qué pasó? -le preguntó el capitán, arrodillándose junto a él, sacudiéndole el brazo.
-Señor, señor -suspiró el hombre agonizante-. Hace cuarenta y ocho horas, en el sector
setenta y nueve DFS, a la salida del planeta Uno de este mismo sistema, nuestra nave y
la nave de Ashley se metieron en una tormenta cósmica. -De las narices del hombre salió
un líquido gris. Un hilo de sangre le corrió por la barbilla-. Nos barrieron. A toda la
tripulación. Burton murió. Ashley también, hace una hora. Sólo hay tres sobrevivientes.
-¡Escúcheme! -gritó Hart inclinándose sobre el cuerpo sanguinolento-. ¿No han venido
antes a este planeta?
Silencio.
-¡Contésteme! -gritó Hart.
-No -dijo el hombre-. Tormenta. Burton murió hace dos días. El primer aterrizaje
después de seis meses.
-¡Está usted seguro? -exclamó Hart, sacudiendo violentamente el cuerpo del hombre-.
¿Está usted seguro?
-Sí, sí -balbuceo el otro.
- ¿Burton murió hace dos días? ¿Seguro?
-Sí, sí -suspiró el hombre. La cabeza, le cayó hacia adelante. Estaba muerto.