reverencia todo México. Su piel... ¿Habéis visto el color de su piel? Una piel oscura, igual
a la de sus devotos. ¿Es eso una blasfemia? De ningún modo. No es lógico que los
hombres acepten a Dios -no importa su realidad- de otro color. Me he preguntado muchas
veces por qué nuestros misioneros tienen éxito en África con un Cristo blanco como la
nieve. Quizá porque el blanco es un color sagrado, como el de un albino, para las tribus
africanas. Denles tiempo. ¿Cristo no se oscurecerá? La forma no tiene importancia. El
contenido es todo. No podemos esperar que esos marcianos acepten una forma extraña.
Les presentaremos a Cristo parecido a ellos.
-Hay una falla en su razonamiento, padre -dijo el padre Stone-. ¿No nos creerán
hipócritas, los marcianos? Pronto verán que no adoramos a un Cristo redondo y globular,
sino a un hombre con cabeza y miembros. ¿Cómo justificaremos la diferencia?
-Mostrándoles que no hay ninguna. Cristo ocupa cualquier recipiente. Cuerpos o
globos, allí está él.
Todos adoran lo mismo, bajo formas distintas. Más aún, tenemos que creer en este
globo de fuego. Tenemos que creer en una forma que no tiene, para nosotros, ningún
significado. Este esferoide ser Cristo. Y tenemos que recordar que también nosotros,
como la forma de nuestro Cristo terrestre, somos algo ridículo y absurdo para estos
globos marcianos.
El padre Peregrine dejó a un lado la tiza.
-Y ahora, vayamos a las colinas a edificar nuestra iglesia.
Los padres empaquetaron sus equipos.
La iglesia no era una iglesia, sino una superficie libre de rocas, una plataforma en lo
alto de una colina, de suelo liso y limpio, y un altar en donde el hermano Matías había
instalado un globo de fuego.
Y al cabo de seis días de trabajo la iglesia estaba lista.
-¿Qué haremos con esto? -El padre Stone golpeó con la punta de los dedos la
campana de hierro que habían traído-. ¿Qué significa esta campana para ellos?
-Creo que la he traído para nuestra propia comodidad -admitió el padre Peregrine-.
Necesitamos algunas cosas familiares. Esta iglesia se parece tan poco a una. iglesia. Y
todos sentimos que hay algo de absurdo en todo esto... Yo mismo lo siento así. Es algo
demasiado nuevo. Convertir criaturas de otro mundo. A veces me siento como un actor
ridículo. Y entonces le pido a Dios que me de las fuerzas necesarias.
-Algunos de los padres no se sienten nada contentos. Algunos se ríen de todo esto,
padre Peregrine.
-Ya lo sé. Para tranquilidad de esos padres instalaremos esta campana, en una
torrecita.
-¿Y qué haremos con el órgano?
-Lo tocaremos mañana, en el primer servicio.
-Pero, los marcianos...
-Ya lo sé. Pero vuelvo a repetírselo. Para nuestra propia comodidad, nuestra propia
música. Más tarde descubriremos la música marciana.
Los padres se levantaron muy temprano en la mañana de domingo, y se movieron en el
aire helado como pálidos fantasmas, con las sotanas cubiertas de escarcha crujiente.
Estaban como adornados de campanillas, y esparcían a su alrededor unas gotas
plateadas.
-Me pregunto si hoy es domingo en Marte -murmuró el padre Stone, pero al ver el gesto
del padre Peregrine continuo-: Puede ser miércoles o jueves, ¿quién sabe? Pero no
importa. Dejemos correr la imaginación. Es domingo para nosotros. Adelante.
Los padres entraron en la plataforma de la «iglesia» y se arrodillaron, estremeciéndose,
con los labios morados.
El padre Peregrine pronunció una breve oración, y puso los fríos dedos sobre las teclas
del órgano. La música se alzó como un vuelo de hermosos pájaros. El padre Peregrine