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imaginarse. Mientras quema los libros en el césped del jardín de la biblioteca, el
Censor Jefe toma café con el bibliotecario del pueblo y habla con un camarero del
bar de enfrente, que viene trayendo una jarra de humeante café.
-Hola, Keats -dije.
-Tiempo de brumas y frustración madura -dijo el camarero.
-¿Keats? -dijo el Censor jefe -. ¡No se llama Keats!
-Estúpido -dije -. Éste es un restaurante griego. ¿No es así, Platón
El camarero volvió a llenarme la taza. -El pueblo tiene siempre algún campeón, a
quien enaltece por encima de todo... Ésta y no otra es la raíz de la que nace un
tirano; al principio es un protector.
Y más tarde, al salir del restaurante, Barnes tropezó con un anciano que casi cayó
al suelo. Lo agarré del brazo.
-Profesor Einstein -dije yo.
-Señor Shakespeare -dijo él.
Y cuando la biblioteca cierra y un hombre alto sale de allí, digo: -Buenas noches,
señor Lincoln ...
Y él contesta: -Cuatro docenas y siete años ...
El fanático incendiario de libros se da cuenta entonces de que todo el pueblo ha
escondido los libros memorizándolos. ¡Hay libros por todas partes, escondidos en
la cabeza de la gente! El hombre se vuelve loco, y la historia termina.
Para ser seguida por otras historias similares: «The Exiles», que trata de los
personajes de los libros de Oz y Tarzán y Alicia, y de los personajes de los
extraños cuentos escritos por Hawthorne y Poe, exiliados todos en Marte; uno por
uno estos fantasmas se desvanecen y vuelan hacia una muerte definitiva cuando
en la Tierra arden los últimos libros.
En «Usher H» mi héroe reúne en una casa de Marte a todos los incendiarios de
libros, esas almas tristes que creen que la fantasía es perjudicial para la mente.
Los hace bailar en el baile de disfraces de la Muerte Roja, y los ahoga a todos en
una laguna negra, mientras la Segunda Casa Usher se hunde en un abismo
insondable.
Ahora el quinto brinco antes del gran salto.