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-Creo que es el último diente de león de este Me parecía imposible encontrar uno
en el césped, avanzada la temporada. ¿No ha oído decir eso de ftotarselo contra
la barbilla? Mire.
Clarisse se tocó la barbilla con la flor, riendo.
-¿Para qué?
-Si deja señal, significa que estoy enamorada, ¿ha ensuciado?
Él sólo fue capaz de mirar.
-¿Qué? -preguntó ella
-Te has manchado de amarillo.
-¡Estupendo! Probemos ahora con usted.
Conmigo no dará resultado.
-Venga. -Antes de que Montag hubiese podido moverse la muchacha le puso el
diente de león bajo la barbilla. Él se echó hacia atrás y ella rió-. ¡Estése quieto!
Atisbó bajo la barbilla de él y frunció el ceño.
-¿Qué? -dijo Montag-.
-¡Qué vergüenza! No está enamorado de nadie.
-¡Sí que lo estoy!
-Pues no aparece ninguna señal.
-¡Estoy muy enamorado! -Montag trató de evocar un rostro que encajara con sus
palabras, pero no lo encontró-. ¡Sí que lo estoy!
-¡Oh, por favor, no me mire de esta manera!
-Es el diente de león -replicó él-. Lo has gastado todo contigo. Por eso no ha dado
resultado en mí.
-Claro, debe de ser esto. ¡Oh! Ahora, le he enojado. Ya lo veo. Lo siento, de
verdad.
La muchacha le tocó en un codo.
-No, no -se apresuró a decir él-. No me ocurre absolutamente nada.