27
-He de marcharme. Diga que me perdona. No quiero que esté enojado conmigo.
-No estoy enojado. Alterado, sí.
-Ahora he de ir a ver a mi psiquiatra. Me obligan a ir. Invento cosas que decirle.
Ignoro lo que pensará de mí ¡Dice que soy una cebolla muy original! Le tengo
ocupado pelando capa tras capa.
-Me siento inclinado a creer que necesitas a ese psiquiatra -dijo Montag-.
-No lo piensa en serio.
Él inspiró profundamente, soltó el aire y, por último dijo:
-No, no lo pienso en serio.
-El psiquiatra quiere saber por qué salgo a pasear por el bosque, a observar a los
pájaros y a coleccionar mariposas. Un día, le enseñaré mi colección.
-Bueno.
-Quieren saber lo que hago a cada momento. les digo que a veces me limito a
estar sentada y a pensar. Pero no quiero decirles sobre qué. Echarían a correr. Y,
a veces, les digo, me gusta echar la cabeza hacia atrás, así, y dejar que la lluvia
caiga en mi boca. Sabe a vino. ¿Lo ha probado alguna vez?
-No, yo...
,-Me ha perdonado usted, ¿verdad?
-Sí -Montag meditó sobre aquello-. Si, te perdonado. Dios sabrá por qué. Eres
extraña, eres irritante y, sin embargo, es fácil perdonarte. ¿Dices que tienes
diecisiete años?
-Bueno, los cumpliré el mes próximo.
-Es curioso. Mi esposa tiene treinta y, sin embargo, hay momentos en que pareces
mucho mayor ella. No acabo de entenderlo.
-También usted es extraño, Mr. Montag. A veces, hasta olvido que es bombero.
Ahora, ¿puedo encolerizarle de nuevo?
-Adelante.
-¿Cómo empezó eso? ¿Cómo intervino usted? ¿Cómo escogió su trabajo y cómo
se le ocurrió buscar empleo que tiene? Usted no es como los demás. He visto a