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-¿Quién, al Sabueso? -El capitán estudió sus naipes-. Olvídate de ello. Ése no
quiere ni odia. Simplemente, funciona. Es como una lección de balística. Tiene
una trayectoria que nosotros determinamos. Él la sigue rigurosamente. Persigue el
blanco, lo alcanza, y nada más. Sólo es alambre de cobre, baterías de carga y
electricidad.
Montag tragó saliva.
-Sus calculadoras pueden ser dispuestas para cualquier combinación, tantos
aminoácidos, tanto azufre, tanta grasa, tantos álcalis. ¿No es así?
-Todos sabemos que sí.
-Las combinaciones químicas y porcentajes de cada uno de nosotros están
registrados en el archivo general del cuartel, abajo. Resultaría fácil para alguien
introducir en la memoria del Sabueso una combinación parcial, quizá un toque de
aminoácido. Eso explicaría lo que el animal acaba de hacer. Ha reaccionado
contra mí.
-¡Diablos! -exclamó el capitán-.
-Irritado, pero no completamente furioso. Sólo con la suficiente memoria para
gruñirme al tocarlo.
-¿Quién podría haber hecho algo así? -preguntó el capitán-. Tú no tienes
enemigos aquí, Guy.
-Que yo sepa, no. -¿Quién podría haber hecho algo así? -pregu el capitán-. Tú
no tienes enemigos aquí, Guy.
-Que yo sepa, no. J,
-Mañana haremos que nuestros técnicos verifique¡ el Sabueso.
-No es la primera vez que me ha amenaz -dijo Montag-. El mes pasado ocurrió
dos veces. j
-Arreglaremos esto, no te preocupes.
Pero Montag no se movió y siguió pensando en reja de¡ ventilador del vestíbulo de
su casa, y en lo que había oculto detrás de la misma. Si alguien del cuartd de
bomberos estuviese enterado de lo del ventilado; ¿no podría ser que se lo
«contara» al Sabueso ... ?
El capitán se acercó al agujero de la sala y lan una inquisitiva mirada a Montag.